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"Shopaholic": la enfermedad de la modernidad

*Por Marcelo Elbaum. Las "compras compulsivas" llevan a la destrucción financiera y familiar de la persona. Evítelas a tiempo.

Es común escuchar este comentario: "Ayer tuve un día terrible; todo salía mal: el café frío, una gran congestión de tránsito, una reunión interminable. Para despejarme un poco, al mediodía me fui al shopping. Me sentía totalmente frustrada y quise levantarme el ánimo comprando algo bonito".

Lo cierto es que uno de cada 20 adultos no puede controlar el impulso de ir a hacer compras o no tiene la fuerza de voluntad para dejar de comprar artículos que ni siquiera quiere o necesita.

Existen algunas señales que le pueden prender el indicador de alarma que usted es un comprador compulsivo: ¿está su placard desbordando de ropa que nunca usó? ¿tiene todavía colgadas las etiquetas que podrían flamear en el viento? ¿está su altillo o baulera lleno de cajas y cajas de zapatos que nunca tocaron el suelo? ¿compra usted maquillajes en forma semanal o CD porque sí? En dicho caso usted puede ser un comprador compulsivo. En realidad las compras son un "síntoma". Detrás de estos síntomas existe un conflicto psíquico que se expresa a través de las compras.

En la tierra del consumo exaltado y sobresaliente, las compras compulsivas son la adicción socialmente aceptada, el tema recurrente de innumerables series televisivas y tiras cómicas de los diarios dominicales y uno de los pocos "desórdenes" del comportamiento del cual todavía está ok reírse. Suelen escucharse frases como las siguientes: "Salí de compras hasta que te caigas con las bolsas"; "aquel que muere con la mayor cantidad de juguetes es el ganador".

EEUU es el líder mundial de este tipo de comportamientos, que lleva al endeudamiento extremo y a la crisis mundial que estamos viviendo.

A diferencia de las "compradores impulsivos", que son aquellos que pueden planificar y tener claro lo que necesitan, pero su comportamiento cambia radicalmente cuando van de compras, los "compradores compulsivos" son aquellos que se ven presos de impulsos irresistibles de comprar frecuente y desordenadamente, sin siquiera contemplar si lo que se adquiere es necesario o apegarse a un presupuesto, para obtener una gratificación o estímulo.

Según muestran algunos estudios, quienes sufren de esta compulsión manifiestan cierto grado de angustia: van a las grandes tiendas cuando se sienten tristes, solitarios, enojados, frustrados, heridos o irritables, o bajo cualquier sensación no placentera o vacío interior, debido a frustraciones o fracasos. La gran mayoría suele decir que logran sentirse poderosos y felices cuando están comprando, aunque este sentimiento les dura poco. Después llega la depresión, cuando se dan cuenta de la gran cantidad de dinero que han gastado y se ven envueltos en problemas familiares y financieros.

Para alivio y alegría de las mujeres, ser un "shopaholic" no es sólo un "trastorno de la mujer".

Los hombres somos igual de propensos que las mujeres a sufrir este trastorno, de acuerdo a la encuesta más grande en su tipo realizada hasta ahora que fue conducido por el doctor Lorrin Koran, profesor emérito de psiquiatría de la Universidad de Stanford, EEUU.

El tema es que en la sociedad actual a los hombres compulsivos se nos llaman "coleccionistas", lo que nos da una imagen más refinada. Más allá de las designaciones, al fin y al cabo los compradores compulsivos son "coleccionistas compulsivos" y son más propensos a volverse adictos a las subastas.

Mientras que las tarjetas de crédito per sé no causan compras compulsivas, ciertamente actúan como "facilitadores", o sea, hacen más fácil para gastadores indisciplinados meterse en grandes problemas de manera rápida, dado que se percibe como "dinero de juguete".

Si bien los estudios llevados a cabo con la droga antidepresiva Citalopram, un inhibidor de la serotonina, indicaron que la misma podría ayudar a personas con este desorden del comportamiento, lo cierto es que se no se puede decir que este mal se cura con una pastilla. Una estricta disciplina podría resultar mucho más efectiva que una pastilla.

¿Qué es lo que recomiendo? Cortar o devolver las tarjetas de crédito, deshacerse de la chequera y no salir de compras solo. En estos momentos que nos toca vivir esta última solución es más barata que comprar remedios. ¿Lo intentamos?