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Platos, sabores y más...el fastidioso síndrome Palermo Hollywood

En los últimos años, el mercado de la gastronomía avanzó a paso agigantado. Tanto que los clientes corremos el riesgo de caer en calabazas disfrazadas de carrozas de Cenicientas.

Por Nieves Otero

notero@diarioveloz.com

@nieves_otero

En los últimos años, quienes somos asiduos  visitantes de restaurantes, quienes siempre estamos en busca de nuevos sabores y experiencias, tuvimos que aprender a tratar con una nueva especie de restaurantes, que en muchos casos, saben tanto de cocina como yo puedo saber de autos... nada. A este mal lo llamaría el síndrome Palermo Hollywood.

Aclaración: le pongo ese nombre para bautizarlo de alguna manera y porque ese es el barrio en el que más se dan este tipo de situaciones, aunque hay que aclarar que no es excluyente y que hay lugares excelentes para ir a cenar en Palermo Hollywood y lugares pésimos en tantos otros barrios de Buenos Aires.

Se trata de lugares muy bien puestos, con decoraciones extravagantes, muy fashion a la vista, pero que a la hora de ir a los bifes (literalmente hablando) se quedan atrás y sus productos no condicen con lo que intentan vender con su imagen y menos que menos en sus precios.

Hay varios puntos que nos ayudan a detectar cuándo estamos en un lugar de éste tipo y cuándo no y en DiarioVeloz.com te los mostramos.

La carta:

Este punto seguramente les recuerde al clásico sketch de Capusotto, "Uy, nos rompieron el....". Las cartas venden cosas estrafalarias, rarísimas, que seguramente nunca probaste en tu vida ¿De verdad? No. Se trata de poner nombres dibujados a cosas de todos los días. Veamos algunos ejemplos:

"Carne braseadas sobre colchón de verdes y rojos de la huerta", en el barrio se dice: carne con ensalada mixta.

"Pollo apanado en astillas de pan": ¿milanesas de pollo querrá decir?

"Cintas verdes al olivo con escamas de parmesano": fideos con aceite y queso rallado digamos.

Estos son los más comunes, hay otros que el ponen mucha más poesía y hasta se animan a referirse a las sensaciones que el comensal tendrá al probarlos: "Finos destellos de chocolate que endulzan la boca", en lugar de decir mousse de chocolate. Y la lista sigue.

Los mozos:

A diferencia de los mozos de antaño, o de los nuevos mozos jóvenes, educados, experimentados y con vocación, los mozos de estos lugares son estudiantes de teatro, filosofía o comunicación que antes de encerrarse a trabajar en una oficina prefieren atender un restaurante, pero que reniegan de su trabajo.

Hoy, la mayoría de los lugares tiene mozos sin experiencia, pero también muy mal pagos, lo que se nota en el servicio, a pesar deque los precios de los platos no sean bajos. Si hay alguna pregunta, los mozos no la saben responder y tampoco se molestan en averiguar, pueden traerle el plato principal y el postre a un comensal sin ni siquiera haberle traído la bebida al otro, o te apuran y te ofrecen el postre cuando aún no estas masticando el último bocado de tu plato.

El ambiente:

Tanto la decoración como los muebles de lugar son demasiado lindos, demasiado fashion, tanto, que terminan por resultar incómodos y poco funcionales.

Una buena música ambiente en un restaurante está buena y crea un clima, pero si lo único que hace es entorpecer la charla no sirve; las luces tenues son ideales para una cena en pareja, pero comer a oscuras no está bueno; las sillas bajas o sillones crean un ambiente diferente, pero tampoco innovemos tanto que resulte imposible comer ahí y que cada bocado que intentes probar termine en el regazo. En fin... todo muy lindo, pero ¿La satisfacción del cliente?

Cocina de autor:

Esa es la gran mentira de los nuevos restaurantes, todos se autodefinen como "restaurantes de autor", claro que es sólo eso, palabras y que los platos muchas veces no tienen nada de "autor". Seamos sinceros, un plato no es de autor porque se le pusieron manzanas al cerdo o porque el ceviche lo hizo con mango y naranja en lugar de limón.

La cocina de autor es mucho más que eso, es la impronta del chef que cada plato lleva consigo. Decir que por comer algo que no es milanesa con papas fritas es cocina de autor es una gran ofensa a los grandes chefs franceses, padres de la "Nouvelle Cousine", que otro día explicaremos en profundidad.

La cuenta:

No importan los puntos anteriores, la cuenta suma tanto como si hubieras ido a un lugar de primera y ese es el punto crucial. Si voy a una pizzería de la calle Corrientes o a un bodegón, no pido atención personalizada, ni platos súper elaborados, pero los precios serán acordes.

En fin, a pesar de los párrafos anteriores, lo importante es disfrutar de la cocina, sea la comida que sea y sea donde sea.

Si caes en alguno de estos lugares, tomalo con humor. Ahora, contanos si alguna vez tuviste una experiencia de este tipo en algún restaurante.