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Perico, víctima de una demencial ambición

Había cobrado un seguro, por un accidente ferroviario. Fue un crimen atroz que conmovió al país.

A Mauricio le decían Perico. Tenía apenas 11 años cuando se salvó por milagro de un accidente ferroviario que le dejó gravísimas secuelas: la amputación de una pierna y parte de la otra.

Pero Perico se sobrepuso a todo. Siguió estudiando, aprendió a convivir con las lesiones y se transformó en un buen deportista. Vivió en Ranchos pero, una vez que creció y cobró la indemnización de un millón y medio de pesos del Estado, se mudó con su tía a Chascomús.

Perico quería crecer, quería ganar. Invirtió en un club para poner un bar, se compró un auto Peugeot 206 y conquistó a una chica, con la que planeaba una vida juntos. Pero su historia se terminó de una forma cruel y despiadada, cuando le faltaban unos pocos días para cumplir 20 años. Lo engañaron, lo golpearon y le aplicaron 33 cortes y puñaladas, luego de pisarlo con su auto.  

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El horrendo asesinato de Mauricio Ponce de León, ocurrido el 26 de febrero de 2005, conmovió al país. Y motivó, incluso, la intervención del entonces presidente de la Nación Néstor Kirchner, quien recibió a los familiares del muchacho.

"¿Por qué no secuestramos a Perico y le sacamos guita?", fue la pregunta que escuchó uno de los mejores amigos de Mauricio días antes del crimen. Le pareció una locura, una broma de mal gusto, pero por las dudas le contestó: "no te metas con Mauricio, no jodas".

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El comentario lo había hecho Diego, un joven de San Nicolás que hacía un par de años vivía en Chascomús, debido a que su padre era gerente de una empresa ferroviaria, en la que él también trabajaba.

El día del crimen, Mauricio estaba contento porque le habían ofrecido un reproductor de CD para su auto, mucho más barato que en cualquier comercio. No sabía cuál era el origen del equipo, pero era muy económico. "Cuidado con esas cosas", le dijo un familiar. Pero Perico no lo escuchó y salió en su vehículo.

Diego le había ofrecido el reproductor. Mauricio fue a buscarlo. Fue lo último que se supo de él. Había pasado el mediodía de ese sábado de 2005 y comenzaba el despiadado plan homicida.

A las nueve de la noche, los padres de Mauricio, preocupados porque el joven no aparecía y porque su teléfono celular estaba apagado, fueron a la comisaría de Chascomús a hacer la denuncia por la desaparición. Allí se enteraron de lo que había sucedido.

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Habían encontrado en el paraje La Liberata, a unos tres kilómetros del centro, el cuerpo asesinado de un joven al que le faltaban las piernas. El Peugeot 206 había sido abandonado a pocos kilómetros de la escena del crimen. Tenía manchas de sangre en el interior y en el paragolpes.

Según determinaron los peritos que intervinieron en el caso, a Perico primero lo atacaron dentro del auto: lo golpearon, intentaron estrangularlo y, desvanecido, lo bajaron y lo pisaron en varias oportunidades. Después, le aplicaron 33 cortes y puñaladas en distintas partes del cuerpo.

El asesino, tras consumar su obra, escapó en el Peugeot 206 de Mauricio. Por alguna razón, sólo se llevó el teléfono celular de la víctima, aunque la batería se le cayó y quedó al lado del cuerpo, en medio de un charco de sangre que se mezclaba con la tierra del paraje.

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De inmediato, los investigadores comenzaron a analizar varias hipótesis, entre ellas una que tenía como sospecha un presunto ataque mafioso porque Mauricio pudo haberse quedado con el negocio de un "peso pesado", al comprar el viejo club donde iba a poner un boliche.

Las hipótesis se sumaban y eran comentadas por los vecinos que, con estupor, seguían las alternativas de un caso que no tenía antecedentes en Chascomús. Pero eso duró poco: los familiares le contaron a los investigadores que se habían enterado, por un allegado, de los comentarios sobre un presunto plan para secuestrar a Mauricio.

Esa línea de trabajo fue la que en definitiva llevó al esclarecimiento del caso.

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Diego Urquiaga, Pablo, Daniel y Néstor fueron encarcelados. Todos se conocían. Incluso uno de ellos era uno de los mejores amigos de Mauricio, quien había sido el destinatario de aquel comentario sobre el plan del secuestro extorsivo.

Pero hubo una prueba clave en el caso. Cuando allanaron la casa de Urquiaga, encontraron el teléfono celular de Mauricio. Además, Diego había dicho que en la tarde en la que ocurrió el crimen, él había estado con su novia. La chica declaró todo lo contrario. También dejó en claro que su novio estaba desesperado por conseguir unos pesos.

Pablo, Daniel y Néstor fueron liberados tiempo después. Los tres fueron sobreseídos al comprobarse que no tuvieron nada que ver con el caso.

Diego Urquiaga fue condenado a prisión perpetua por el crimen. Sobre el móvil, que hasta el día de hoy no quedó demasiado claro, se cree que el asesino mató a Mauricio para después pedir el rescate a la familia, cosa que no llegó a hacer porque un vecino que pasó por el paraje "La Liberata" vio esa misma tarde el cuerpo de Perico.

A Mauricio Ponce de León aún lo recuerdan en Chascomús como a un joven alegre que siempre le ganó a las adversidades que le impuso la vida. A Perico sólo lo venció la más brutal maldad humana.