Murió “El Carnicero de Giles”, el asesino que mató a cinco familiares entre 1986 y 1995
Luis Fernando Iribarren falleció a los 61 años por una neumonía en el Hospital Mi Pueblo de Florencio Varela. La historia de uno de los criminales más aterradores de la Argentina.
La muerte de Luis Fernando Iribarren cierra uno de los capítulos más estremecedores de la historia criminal de la provincia de Buenos Aires. Tenía 61 años y cumplía prisión perpetua cuando una neumonía terminó con su vida en el Hospital Mi Pueblo de Florencio Varela.
Iribarren, más conocido como el “Carnicero de San Andrés de Giles”, había sido condenado por asesinar a cinco integrantes de su propia familia entre 1986 y 1995. La frialdad de sus confesiones y la brutalidad de sus actos lo volvieron tristemente célebre.
Estaba preso en la Unidad 31 del Servicio Penitenciario Bonaerense, donde cumplía su condena. Según fuentes oficiales, fue trasladado de urgencia al hospital por un cuadro severo de neumonía que no logró superar. Aunque murió el 22 de febrero, la noticia se conoció en las últimas horas.
Los crímenes que horrorizaron a San Andrés de Giles
Un mes después de que la selección argentina levantara la copa en el Mundial de México ‘86, Iribarren empezó a mentir.
“Mi familia se fue a vivir a Paraguay”, le decía en aquel momento a sus vecinos y sostenía que la razón para eso era una supuesta deuda que no podían saldar.
Efectivamente, los vecinos dejaron de cruzarse en la calle con los parientes de aquel hombre callado que, paradójicamente, se dedicaba a la venta de equipos de comunicación y en sus ratos libres se entretenía tratando de perfeccionar un motor eléctrico que él mismo había diseñado.
Nadie puso en duda su versión, sino hasta nueve años después, con la muerte de Alcira Iribarren.
La mujer, tía de Luis Fernando, vivía en una casa a metros de distancia de la de su sobrino y cuando se enfermó, fue él quien se ocupó de acompañarla a los médicos, a las sesiones de quimioterapia y le aplicaba las inyecciones de morfina para calmarle el dolor. Hasta que de un día para el otro nadie más la vio.
“Está muy enferma y la llevé a un hospital de Buenos Aires”, respondía el Chacal cada vez que alguien le preguntaba por ella.
Poco después, tuvo que reconocer que su tía estaba muerta y se lamentaba, cuando tenía “público”, porque no había podido ganarle a su enfermedad.
Sin embargo, la gente ya no se convenció tan fácil esa vez al escucharlo y el 31 de agosto de 1995 un llamado al 911 comenzó a sacar a la luz el oscuro pasado de Iribarren.
El olor nauseabundo que golpeó a los efectivos apenas atravesaron la puerta de la casa ubicada en la calle Cámpora anticipó la escena sangrienta con la que se encontraron unos pasos después: Alcira estaba muerta, pero no la había matado el cáncer. Tenía dos hachazos en la cabeza.
Durante la investigación por el crimen de su tía, Iribarren confesó algo aún más siniestro: también había matado a su padre, a su madre y a sus dos hermanos adolescentes.
Los restos fueron descartados en un campo de Tuyutí, en las afueras de San Andrés de Giles. Durante años, el asesino logró mantenerse impune.
Cuando el caso salió a la luz, Iribarren declaró y habló de “bronca” como único móvil de la matanza. No hubo atenuantes, no hubo arrepentimiento que alcanzara. La Justicia lo condenó a prisión perpetua.
Una fuga que puso en jaque al sistema penitenciario
Iribarren pasó por cinco cárceles. En 2024, mientras estaba en la Unidad 31, obtuvo un permiso de salidas transitorias para estudiar en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
Sin embargo, aprovechó la oportunidad para escapar y estuvo prófugo más de 10 días. Finalmente, fue recapturado en Santiago del Estero.
En el ranking de presos más antiguos del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), Iribarren se encontraba entre los primeros lugares, apenas superado por Carlos Eduardo Robledo Puch, otro asesino múltiple tristemente célebre, que ya lleva 54 años tras las rejas.
(Fuente: TN)
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