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Lo que nos faltaba: ¡temerle a la lluvia!

Nunca pensé que esto podía sucedernos: en una de las principales ciudades del continente, una tormenta destroza barrios completos.

Por Lorena Lalín
@lorelalin
llalin@diarioveloz.com


En mi memoria está guardada una imagen de cuando tenía unos 7 años. Creo que fue en el año 1985, cuando yo vivía en Wilde, y ante una ventana de la casa de mi abuela, un día extraño de lluvia y tormenta, vimos cómo un hombre cruzaba la avenida Mitre (la principal de esa zona) en un bote, remando.

Pensé que esa imagen sólo quedaría grabada en mi memoria de la infancia. Pero no. Lamentablemente, esta situación que fue "extraordinaria" hace más de 20 años, ahora se está transformando en algo cotidiano.

Hace un año exacto una tormenta similar azotó Buenos Aires. Estábamos desprevenidos y sorprendidos. Evacuados, muertos y heridos. Y la esperanza de que haya sido sólo un caso aislado.

Pero no. Esta Semana Santa nos volvió a "sorprender" una tormenta trágica en la madrugada del martes, con una lluvia sin igual, y una caída extrema de agua sobre la ciudad.

Colapsaron las cloacas, no alcanzaron las manos que pudieran ayudar, y la imagen volvió a ser desoladora: casas inundadas -literalmente-, el agua invadió todo lo que pudo; los autos fueron arrastrados por la corriente y apilados, tal como juguetes de papel; barrios enteros sin luz ni agua, y de nuevo se presentó ante mí la misma imagen de mi infancia: la gente cruzando las avenidas porteñas en un bote, a remo.

Y me pregunté: ¿qué cambió en 30 años? Si una simple imagen como esa vuelve a repetirse, es que nada mejoró.

Pero hay algo que volvió a ser tema común: el miedo a la lluvia. El temor a que una pequeña precipitación se transforme en una temerosa tormenta, que arrase con todo lo que uno tiene, y por lo que uno trabaja día a día. Que una simple lluvia te deje en cero: sin casa, sin heladera, sin televisor, sin cama, sin juguetes para tus hijos, sin tu auto.

Y nuevamente, con varios gobiernos en el medio, nadie hace nada.