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Las falencias del sistema financiero: el caso Facebook

* Por Claudio Zuchovicki. Facebook, la increíble red social, donde indirectamente ya están intercomunicados casi mil millones de individuos.

Esta red social invade nuestros gustos aunque solo lo compartamos con amigos. Tiene la habilidad de sacar tendencias de todo lo que uno hace con su computadora, sugerir otros amigos, detectar necesidades de consumo y direccionar publicidad, incluirnos en grupos de interés, poder mandar un mensaje al que quiera y donde quiera y muchas cosas más. La novedad es que ahora sus dueños decidieron no solo buscar nuevos contactos sino que también socios.

Tal es así que Facebook hizo una oferta pública de acciones del 15% de su capital social. Valuar esta empresa con tamaño potencial es una tarea sumamente difícil. Todo es más promesa que realidad. La empresa fue valuada en 28 dólares la acción.

Por soberbia de sus dueños y avaricia del colocador (Morgan Stanley) sumada a la ansiedad de los inversores ante tanta repercusión mediática, finalmente salió a 38 dólares la acción. Obteniendo una capitalización bursátil de 100 mil millones de dólares (casi el doble que todas las empresas Argentinas juntas). Así como lo lee, la empresa recaudó 35% más de lo presupuestado en un mundo con sus mercados en baja y con muchas sociedades en crisis, incluso usando Facebook para hacer eco de sus protestas.

Pero no terminó ahí, la sensación de los inversores en pensar que se quedaban fuera de todo, hizo que la acción alcanzara los 45 dólares para volver a cerrar ese día a 38 dólares, y un día después cotizar a 32 dólares, una transferencia increíble de riqueza de los ansiosos inversores a los avaros colocadores (ayer la acción cotizó a 28 dólares).

Pero ante todo esta operación desnudó muchas falencias de nuestro sistema financiero de hoy, entre otras:

Inversores que confían más en una red social que en bienes tangibles. De hecho Facebook vale el doble que la industria automotriz americana. Desnuda la falencia en la confianza en la valuación tradicional de las empresas. Se prefirió desconocer cualquier lógica de valuación y buscar la promesa salvadora de una fuente de recursos infinitos. Como dice el dicho: estamos en una instancia de mercado donde el inversor prefiere promesas y no realidades.

Intermediarios. En este caso Morgan Stanley se puso claramente del lado del colocador, sacrificando a los inversores. Un cliente por encima de millones de ellos minoritarios. Incluso con serias sospechas que la información brindada para la toma de decisiones no fue lo suficientemente transparente. Deja en claro una vez más que los Bancos de Inversión buscan favorecer más la cotización de sus propias acciones que lo que pase con sus clientes.
Dueños. Por facturar algo más pierden reputación en algo tan sensible como la imagen. El pecado de la soberbia los puede llevar desde la sobrevaloración de lo inalcanzable al descreimiento de las intenciones. Desde el "todo lo puede", a la desconfianza de lo que ofrece. Con el riesgo de potenciar la ya instalada incertidumbre en el usuario sobre a quién le da Facebook sus datos personales.

Reguladores, porque están precisamente para regular, controlar que no pase lo que pasó y defender los intereses de los minoritarios que son los más endebles de la curva de oferta y demanda.

Y no solo se dio esa transferencia fenomenal de riqueza de los que menos tienen o más ingenuos a los que ahora mas tienen o demasiados rápidos, sino que no es la primera vez que sucede, y viendo su reacción lamentablemente no será la última que ocurra.