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Lanzan un ranking por vandalismo a monumentos

Encabeza el ranking de violencia el conjunto escultórico a los Dos Congresos. El Pensador está en segundo lugar. Algunas partes de ellos son utilizados como tendedero de ropa, dormitorio y cocina de varias familias sin techo.

Y así es que una vez más, el descuido sobre los bienes públicos vuelve a ser noticia. El vandalismo se puso al hombro los monumentos y las estatuas de la ciudad, víctimas del desapego de algunos. Ni siquiera las rejas ni los guardias de seguridad ni los innumerables arreglos bastan para poder finalizar  con estos acciones que se han vuelto moneda corriente en nuestro país. 

Tal es así, que hasta fines de julio, el Ministerio de Ambiente y Espacio Público tuvo que intervenir en retoques de  37 monumentos, lo que demanda el desembolso de un millón de pesos mensuales.

"De nada sirve que las estatuas sean arregladas una y otra vez si nunca hay una solución definitiva", sostuvo la arquitecta y paisajista Sonia Berjman, también presidente de la ONG Salvemos las Estatuas, quien asegura que lo que hace falta es una dirección de arte público con un grupo de especialistas dedicados al cuidado de ellas.

Según la información oficial, El Pensador se encuentra en el segundo puesto de las obras más afectadas, que, mediante la ayuda de una hidrolavadora con agua a presión y detergente no corrosivo, es como se logran limpiar. La primera es el Monumento a los Dos Congresos , en Av. Entre Ríos e Hipólito Yrigoyen.

Desde el ministerio también destacaron que los que se encuentran en el microcentro sufren pintadas y pegatinas muy seguido. "Un caso particular es el monumento de Olmedo y Portales, en Corrientes y Uruguay. Todavía no hace un año de su emplazamiento y ya fue vandalizado cinco veces", detallaron.

Otro que sufrió las consecuencias del vandalismo fue el monumento a las víctimas de la epidemia de fiebre amarilla de 1871, ubicado en el centro del parque Ameghino. Ni las rejas las rejas han evitado que la rotura en la nariz y en el pómulo, al igual que en la mano izquierda, y la placa fue robada.

También fue víctima de la violencia la escultura Izando la Bandera , de Julio César Vergottini, de la que lo único que queda en el basamento donde estuvo emplazada es una placa, regalo oficial de la república de Colombia. Tiradas en el suelo están las cinco enormes figuras en la plaza Colombia.

Tampoco corren mejor suerte aquellos que se destruyen y deterioran, todos los días  convirtiéndose en tendedero de ropa, dormitorio y cocina de varias familias sin techo. Una muestra de ello es la estatua de la Diana Fugitiva o Siringa, en el parque Lezama; El monumento Canto al Trabajo , obra del escultor argentino Roberto Yrurtia, ubicado en Independencia y avenida Paseo Colón, y el que se alza en honor a Mariano Moreno en la plaza Congreso.

Para Graciela Fernández, miembro de la Asociación Civil Mirador del Lezama, el vandalismo ocurre por tres factores: despreocupación, salvajismo inédito y gran indiferencia.
"Nadie ama lo que no conoce", remata.

Las estatuas, en peligro


Ante los innumerables hechos vandálicos cada vez más habituales en la ciudad, un grupo de vecinos, indignados por estos hechos, conformó un espacio virtual:
www.salvemoslasestatuas.blogspot.com.ar . "No hay una política pública de conservación y restauración del patrimonio escultórico. Y, además, las obras se mueven de un espacio a otro de manera inconsulta y sin tener en cuenta que ya se conformó una red de relaciones con el entorno y con el espectador, que constituye un valioso recuerdo que se destruye y pierde sin razón", indican en el sitio web..