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La Victoria Ocampo judía

Paloma Efrón, Blackie, evocada en un libro reciente, describe a la incesante promotora del mundo del espectáculo, retratada con calidez en "Blackie, la dama que hacía hablar al país".

Cuenta Hinde Pomeraniec, "era una suerte de Victoria Ocampo judía y plebeya, nacida en una colonia de la provincia de Entre Ríos en 1912, y que a fines de los "60 y principios de los "70 fue un personaje muy respetado como miembro de esa comunidad".

Blackie y Victoria, adoratrices que importaban ideas y personas. Victoria, la primera mujer en ocupar un asiento en la Academia Argentina de Letras; Paloma, la primera en dirigir un canal de televisión", compara la autora en el texto.

Paloma, a quien el público bautizó con el nombre artístico Blackie, "es para mí un personaje que me persiguió desde siempre. La investigación comenzó en el "93, y fue por pura admiración. Su figura sobrevoló mi infancia, mi casa, mi familia, pero no fue hasta este año que mi trabajo vio la luz".

"Ella logró llegar a un lugar muy significativo en el espectáculo y la gente la respetaba mucho. Para nosotros, sus "paisanos", era realmente un orgullo", evoca.

EN DETALLE

El libro no es un sólo una cronología estructurada, la autora lo matizó con la historia político-social del momento como para comprender un poco más sobre los ambientes en los que esta pionera se movía; quiénes eran sus amigos y sus enemigos, en definitiva, un texto imperdible para conservar la memoria de los comienzos de la telecomunicación argentina y sus figuras.

En sus comienzos, apunta Pomeraniec, fue la introductora del negro spirituals en la Argentina "y se convirtió en una antropóloga natural de ese estilo musical, además se recibió en el Conservatorio Nacional".

Desde 1952 cuando actuó en "Tropicana Club", con Osvaldo Miranda, Amelita Vargas, José Cibrian y Ana María Campoy, entre otros artistas, no paró de trabajar en los medios.

Fue directora artística de Canal 7, condujo "Cita con las estrellas", "El show de las estrellas", "Tiempo de tango", "Odol pregunta" y en 1960 llegó el programa que la haría una estrella: "Volver a vivir".

La periodista recuerda que "en esas épocas no había internet, celulares ni las facilidades tecnológicas de estos tiempos. Había que trabajar en serio, pero ella supo ver en la televisión una herramienta formidable para llegar a la casa de la gente y tratar de divulgar lo mejor de la cultura y el entretenimiento".

Fue presentadora de artistas internacionales como Nat King Cole, Paul Anka, Lionel Hampton, Sammy Davis Junior; se alzó con varios premios Martín Fierro por sus producciones y escribió en la revista "El Hogar", donde lo hizo también Jorge Luis Borges.

VIDA PERSONAL

La vida personal no queda de lado en el libro, la autora describe su infancia, sus avances en un mundo de dominado por los hombres como el de la televisión, brinda detalles íntimos de Blackie, mujer de Carlos Olivari, "un típico buen mozo, impecable en el vestir, semicalvo y con una sonrisa encantadora. Un gran guionista de la época del teléfono blanco de las comedias en el cine, pero muy mujeriego".

"Esto no va a andar. Usted es Europa y él es Corrientes y Esmeralda", le repitió su padre Yedido Efrón cuando se lo presentó por primera vez, y Paloma se encargó de repetirlo una y otra vez. Y así fue, tras discusiones, reconciliaciones y peleas, finalmente se separaron.

Pomeraniec describe los duros momentos de soledad que vivió al perder a sus padres y cómo era su vida dentro del departamento que compartió con cinco empleadas a las que quería como si fueran sus hijas, pero aleccionaba ante un mínimo error.

OTROS PAISANOS

De la colección "Paisanos", de la editorial Capital Intelectual, en el texto se pueden encontrar entrevistas realizadas por Pomenariec -quien trabajó en medios como Clarín, Canal 7 y ahora es directora del Grupo Editorial Norma-, a Ulises Barrera, Alejandro Romay, Carlos D"Agostino, Paco Jamandreu, Ana María Campoy y a Juan Carlos Mareco.

Algunos testimonios la describen a Blackie como "una liberal, en el sentido estadounidense de la palabra, es decir, alguien para quien la libertad de expresión era un principio, por lo cual ningún gobierno que tuviera un sesgo autoritario podría ser bien visto por ella".

Otros la perfilaban como "inteligente y manipuladora, no conocía la piedad ni soportaba la grandeza ajena: ella creía que era Dios", o aquellos que sostenían que "era una persona de bien que se molestaba con las bromas pesadas".

"Murió en 1977 a los 64 años, joven, muy joven a pesar de su apariencia. No tuvo hijos, pero fue la madrina artística de grandes figuras del espectáculo", resalta la biógrafa.

"Tengo una hipótesis -afirma-: Argentina es un país que se come a sus hijos con regularidad. Se come generaciones de hijos en edad de producir y nos cuesta mucho aprender de los maestros. Esta es mi manera de no olvidarnos de una parte de la historia."