DOLAR
OFICIAL $816.08
COMPRA
$875.65
VENTA
BLUE $1.18
COMPRA
$1.20
VENTA

La vecina que intentó salvar a Lucio Dupuy rompió el silencio sobre los desesperantes momentos después del crimen

El 26 de noviembre de 2021, Haydee Suárez encontró al chico moribundo en brazos de una de sus asesinas. Fue testigo en el juicio. A horas de la condena, recuerda: “Le toqué las manitos, le toqué la carita, y estaba frío”.


(Desde Santa Rosa, La Pampa) Haydee Suárez Ulloa, 60 años, dice: “A mí me encantan los chicos”. Tal vez la frase no expresa todo. Tiene 15 nietos, pero es una abuela también para los chicos que frecuentan el merendero del barrio Río Atuel en Santa Rosa, La Pampa, en donde colabora hace años. También ayuda en una colonia de vacaciones a donde asisten 200 niños. Lo que Haydee nunca imaginó es que el 26 de noviembre de 2021 asistiría a un chico de apenas cinco años que agonizaba frente a su propia casa. Ese chico era Lucio Dupuy. La mujer que lo traía en brazos era la misma que, según determinó la Justicia el 2 de febrero pasado, lo había matado: su madrastra, Abigail Páez.

“Mientras intentábamos reanimar a Lucio, Abigail estaba de brazos cruzados sin hacer nada”, rememoró la mujer. A horas de la audiencia de cesura de pena que ocurrirá mañana viernes en el Tribunal de Santa Rosa, en donde se dictará la pena que recibirán Páez y Magdalena Espósito Valenti, la madre del chico, por el brutal crimen, Haydee -que fue testigo en el proceso- dice sentirse “tranquila” por lo que hizo para intentar salvar al niño de 5 años junto a otros tres vecinos del barrio.

“Sé que él desde arriba me va a ayudar. Ahora quiero que Lucio descanse en paz”, implora.

Según la causa, el 26 de noviembre de 2021 a las 21:26, Páez salió de su casa en Allan Kardec. Corrió dos cuadras con Lucio en brazos, ya moribundo, luego de haberlo golpeado brutalmente. Llegó hasta la salita de Primeros Auxilios ubicada en la esquina de Garay Vivas y Núñez. Allí la asistió primero Sebastián Mourino, un pintor que vive en el barrio. También colaboró Elsa Quintín, una enfermera jubilada que reside al lado de su casa. Luego, llegó Haydee.

“Mi casa está a tres cuadras de donde vivía Lucio. En frente está la salita de Primero Auxilios. Y ahí afuera, en la vereda, asistimos a Lucio esa noche. Lo pusimos en el piso, debajo de un árbol, para intentar reanimarlo. El día que pasó lo de Lucio, la salita estaba cerrada. Por eso lo asistimos nosotros”. Páez y Espósito eran nuevas en el barrio. Se habían mudado poco antes al departamento donde el chico fue asesinado. A Lucio, dice Haydee, “lo conocí esa noche”.

“Yo le dije a Sebastián que pusiera al niño en el piso, porque estaba convulsionando. Y entonces mi vecino empezó a hacerle respiración boca a boca, le apretó el pecho para practicar RCP y nada. No reaccionaba. Entonces fui a llamar a Elsa (Quintín), mi vecina enfermera”, sigue Haydee. Páez, mientras tanto, fue a la comisaría cercana.

A Páez, dice Haydee, “la policía le dijo que ellos no podían trasladar al niño al Hospital, pero le dijeron que habían llamado a la ambulancia. Entonces le volví a preguntar qué había pasado. Y ahí ya me cambió el relato. Dijo que había salido cinco minutos, en vez de 10, y que cuando volvió encontró la casa revuelta y al niño tirado en el patio”. Elsa, la enfermera, le practicó RCP a Lucio. “De pronto, es como si hubiera vuelto a respirar. Entonces le dije a Sebastián si podía llevar a Lucio urgente al Hospital. Y Lady, su mamá, agarró el auto y lo llevaron. Si no hacíamos eso, Lucio moría ahí”.

Lady Soria, madre de Mourino, trasladó al niño en su auto Fiat Palio al Hospital Evita de Santa Rosa. La acompañaron su hijo Sebastián y Páez. Soria aceptó hablar con Infobae, sin embargo, pidió no ser fotografiada ni filmada. La vecina confirmó lo que declaró como testigo en el expediente. Su narración coincide con el relato de Haydee.

“Mi hijo se estaba por ir a cenar con mi nieto y su novia y, de pronto, vio a una chica que corría desesperada con un nene”, dijo Soria. La mujer recuerda que Páez le dijo que “habían entrado a robar y lo habían golpeado a Lucio”. Luego, la novia de la madre del niño agregó un presagio macabro de cara a lo que se conocería en la autopsia: “Me parece que lo violaron”.

Haydee recordó otro detalle: cuando iban a llevar a Lucio al hospital, Abigail Páez no quería subir al auto. “Primero no quería subir. No quería acompañarlos. Preguntaba a dónde íbamos y yo le dije que subiera, que iban al hospital. Pudimos hacerla subir y se fueron para el Evita. La ambulancia llegó media hora después”.

– ¿Usted llegó a ver si Lucio estaba golpeado?

– No, no vimos nada nosotros. Porque era de noche, afuera de la salita estaba bastante oscuro. Además, estábamos desesperados por la situación de emergencia y no pudimos notar nada. Yo pensé que había sido una convulsión. Le toqué las manitos, le toqué la carita, y estaba frío. Tenía los pelos mojados y llevaba puesta una camiseta de Boca, un pantalón corto y zapatillas.

– ¿Los policías de la comisaría se acercaron a ayudarlos?

– No, no. Ellos dijeron después que habían venido, pero no se acercaron en ningún momento.

– Y mientras asistían a Lucio, ¿Abigail qué hacía o qué decía?

– Ella no hacía nada. Ni preguntaba qué pasaba, qué iba a pasar. Nada. Estaba de brazos cruzados, con la cabeza agachada, y no decía nada. Qué nos íbamos a imaginar si no la conocíamos. Después, Sebastián me dijo: “Tuvimos a la asesina del nene al lado nuestro”. Nunca pensamos que nos iba a tocar esto.

-¿Cómo se enteró de su muerte?

-Vino la mamá de Sebastián del hospital, me contó y nos pusimos a llorar. Esa noche no pude dormir. Al otro día me levanté con mucho dolor de cabeza y tenía la presión por las nubes. Y tuve que ir a la salita a atenderme.

La casa de la calle Allan Kardec se encuentra cerrada y deshabitada. Nadie volvió allí tras la muerte del chico. El barrio también cambió su actitud luego del crimen, al menos para con Haydee. “Las enfermeras de la salita se enojaron conmigo porque dije que la sala estaba cerrada esa noche. Pero qué culpa tengo”, recuerda. “No voy a esconder nada. Si tengo que hablar algo por Lucio, lo voy a hacer. Porque eso no se puede esconder Lo único que pido es que no haya más chicos muertos. No puede ser que ahora los padres y las madres maten a los hijos. Cómo puede ser”.

– ¿Qué piensa que falló en este caso?

– Muchas cosas. Las familias, los médicos, las maestras del jardín. Acá en el barrio también. Después que Lucio murió, hubo vecinos de ellas que contaron que escuchaban gritos y ruidos. ¿Cómo nadie dijo nada? Quiero que ellas estén en cárceles separadas, que paguen por lo que hicieron. Es muy grave lo que hicieron con el nene. Lo hicieron sufrir y eso no se hace con una criatura. Quiero que Lucio descanse en paz.

Extraído de Infobae

Dejá tu comentario