DOLAR
OFICIAL $816.08
COMPRA
$875.65
VENTA
BLUE $1.18
COMPRA
$1.20
VENTA

La incógnita del triunfo de Ortega

Por Gabriela Selser. La proclamada victoria del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, en las elecciones del pasado 6 de noviembre, abrió paso a enfrentamientos entre oficialistas y opositores y se convirtió en una gran incógnita que quizás nunca llegue a despejarse.

¿Ganó realmente Ortega? ¿Obtuvo más del 62% de los votos? Son preguntas que muchos se hacen transcurridos ya doce días de una votación celebrada en paz en la mayor parte del país, pero precedida por una campaña electoral repleta de irregularidades, según observadores locales y extranjeros que supervisaron los comicios.

El mandatario de 66 años, que gobernó de 1985 a 1990 y volvió al poder en el 2007, fue inscripto candidato de una alianza encabezada por el gobernante Frente Sandinista, pese a que la Constitución prohíbe ocupar la Presidencia más de dos veces y en dos períodos continuos.

Las fuerzas opositoras que ahora rechazan el resultado oficial de los comicios aceptaron participar en la contienda pese a tener por rival a un "candidato ilegal", como llaman a Ortega, y estar dirigidos por un Consejo Supremo Electoral (CSE) a cuyos magistrados acusaron de fraude en las municipales del 2008.

A ello se sumaron denuncias sobre un padrón electoral "inflado" con muertos y emigrados, demoras en la entrega de cédulas –indispensables para votar–, la exclusión de tres grupos de observación nacional y las restricciones puestas a observadores de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y de la Unión Europea (UE) para ingresar a las mesas en distintas zonas del país.

"En un 20% de las mesas que debíamos observar no pudimos ver cómo estaban esas urnas" al inicio de las votaciones, se quejaba el ex canciller argentino Dante Caputo, jefe de la misión de la OEA, horas antes de que el tribunal electoral diera por ganador a Ortega con un inesperado 62,6%.

Fiscales de la opositora alianza Partido Liberal Independiente (PLI) denunciaron que fueron expulsados de recintos electorales antes, durante y después de la votación. Según el Instituto para la Democracia, que observó los comicios sin acreditación oficial, en la tercera parte de las juntas de votación no había fiscales opositores.

"Hubo en estas elecciones 12.000 juntas receptoras de votos y en cerca de 4.000 de ellas el partido oficial se quedó solo contando los votos a su gusto (...) Se llevó las urnas con los votos y se encerró a solas, desparramó las boletas por el suelo y se sentó a contarlos sin testigos", ironiza el escritor Sergio Ramírez.

Numerosas personas en Managua y en el interior dijeron que muchas mesas abrieron en secreto, una o dos horas antes de lo previsto, y sólo con la presencia de dos funcionarios electorales y un fiscal del partido sandinista. "Las urnas ya venían preñadas" de votos, protesta el ex candidato presidencial del PLI, Fabio Gadea.

La prensa divulgó después copias de actas de escrutinio en las que se habría antepuesto un dígito a las cifras de votantes del Frente Sandinista, de manera que el partido de gobierno pasaba de tener 41 a 241, o de 67 a 667, cuando por ley no podía haber más de 400 votantes por urna.

Según Sergio Ramírez, que fue vicepresidente de Ortega en la década de los 80, fueron esas irregularidades durante la campaña y el apabullante 62,6% para un candidato cuyo techo histórico nunca pasó del 38% las que pusieron en duda la "transparencia" y legitimidad de todo el proceso.

"Realmente no sé si Daniel Ortega ganó la elección, lo que sé es que hubo un fraude de inmensas proporciones", reflexiona el novelista a la prensa en Santiago de Chile.

Pese a que prometió lo contrario, el CSE no ha publicado aún las actas de escrutinio para conocer el detalle de la votación junta por junta. Apenas se divulgaron porcentajes y números globales de votos por provincia, lo que incrementa las dudas sobre un triunfo de Ortega en condiciones de legalidad.

"Es indudable que el Frente Sandinista y el señor Ortega han ganado las elecciones (...) pero no estoy diciendo que hayan ganado con transparencia y con limpieza", afirmaba en Managua el jefe de los observadores de la UE, Luis Yáñez, 48 horas después de los comicios.

Sus palabras molestaron especialmente al presidente del CSE, Roberto Rivas, quien descalificó al eurodiputado español. "Él no puede opinar en esta materia porque nunca organizó una elección", se justificó Rivas.

Para los simpatizantes sandinistas no hay duda de que Ortega ganó las elecciones, y por amplio margen. Afirman que la mayoría votó por los programas sociales que el gobierno desarrolló en los últimos cinco años y lo hizo sin preocuparle que su líder violara la ley.

Entre los más emblemáticos proyectos del gobierno, que la oposición califica de populismo clientelista, figuran la entrega de láminas de zinc para techos a miles de pobres, la titulación de 150.000 lotes urbanos y rurales y el "bono solidario" mensual de casi 40 dólares a 160.000 empleados públicos que ganan menos de 80 dólares al mes.

Esos programas los financia Ortega con la ayuda de su aliado, el presidente venezolano Hugo Chávez, estimada en más de 500 millones de dólares anuales y con la que también subsidia el transporte en Managua para mantener "congelada" en 2,50 córdobas (10 centavos de dólar) la tarifa de los autobuses que utilizan a diario casi un millón de capitalinos.

"Vamos por más victorias", fue el lema del caudillo sandinista en su lucha por reelegirse para un tercer mandato de cinco años a partir de enero próximo. Además del gobierno, Ortega tendrá control absoluto sobre el Parlamento, frente a una oposición reducida y fragmentada, a las puertas de las municipales que se celebrarán a finales del 2012.