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La encrucijada de la clase media

Según la Cepal, la clase media argentina no ha crecido en el ciclo 1990-2006. Hoy, ese sector vital para el equilibrio social, se beneficia con el desarrollo económico, pero sufre el efecto de la inflación.

Contar con una fuerte clase media distinguió en el pasado a la Argentina del resto de los países de la región. Es un sector social de difícil definición, pues son muchas y variadas las notas que lo caracterizan. Se subdivide, además, en capas con realidades económicas diferentes y ha tenido un papel decisivo en la historia de nuestro país.

Por ejemplo, en los comienzos del siglo 20, fueron, entre otros, sus reclamos de participación política los que permitieron superar los graves conflictos entre los privilegios de la clase dominante y la pobreza generalizada de los trabajadores de la época, y los que posibilitaron encauzar al país por el rumbo de la democracia, plasmado en la Ley de Sufragio Universal.

En los albores del siglo 21, también la podemos detectar como una de las principales protagonistas de una histórica rebelión social contra un modelo que parecía condenarla a la desaparición y contra los políticos que lo llevaron adelante, de este hecho surgió el famoso eslogan: "Que se vayan todos".

La Comisión Económica para América Latina (Cepal) difundió un informe que revela que en las últimas dos décadas la clase media ha crecido en casi todos los países de la región, con dos excepciones: Colombia, donde la proporción permaneció estable, y la Argentina, donde cayó del 56 al 52 por ciento del total de hogares. El informe destaca que los hogares de clase media aumentaron en 56 millones en el universo de 10 países que representan el 80 por ciento de la población latinoamericana; es decir, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Honduras, México, Panamá, Perú y República Dominicana.

En términos absolutos, la clase media argentina creció en un millón de hogares, pese a que en términos relativos disminuyó en relación con el total. También hay que decir que, no obstante el retroceso, el parámetro argentino todavía es el más alto de la región.

Asimismo, es necesario contextualizar las cifras que, para Argentina, abarcan un período que va de 1990 a 2006. Es decir que incluyen una etapa, la que va de 1999 a 2002, en la que Argentina vivió una de las peores crisis de su historia, con especial sufrimiento de la clase media.

Y excluyen los últimos tiempos, en los que, si bien la recuperación desde 2003 a 2006 (fecha de comparación tomada por el estudio para Argentina) no había logrado aún superar los niveles vigentes en 1990, se ha registrado un sostenido crecimiento de la economía, apenas disminuido por la crisis mundial de 2008-2009.

Más allá de esas observaciones y pese a las declamaciones, lo cierto es que la distribución de los ingresos en la Argentina todavía tiene demasiadas cuentas pendientes. Lo que no debe abandonar el país es el objetivo de promoción social, que aún la distingue entre muchos otros países que han avanzado en indicadores económicos.