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Juan Martín Huss, el kinesiólogo que quiere enseñarle a los deportistas a no necesitarlo

Se fracturó la columna a los quince y ningún tratamiento lo dejaba conforme. Esa historia lo llevó a la biomecánica y a una idea que hoy divulga en redes: que la mayoría de las lesiones no vuelven por falta de fuerza, sino porque nadie enseña a moverse correctamente de nuevo. Retrato de un especialista que discute con el sentido común del deporte.



Tenía quince años cuando se fracturó la columna. Empezó ahí una peregrinación que muchos deportistas conocen de memoria: tratamientos que le bajaban los síntomas, una vuelta al entrenamiento que nunca terminaba de sentirse cómoda, molestias que reaparecían y la sensación persistente de no rendir como antes. Pasó por varios especialistas y con todos vivió lo mismo. Décadas después, esa experiencia se convirtió en el punto de partida de su trabajo. Juan Martín Huss es hoy licenciado en Kinesiología y Fisiatría, osteópata y especialista en biomecánica, y construyó su carrera alrededor de una pregunta que empezó en su propio cuerpo: por qué el dolor se va, pero el problema vuelve.

La respuesta que fue encontrando incomoda un poco al ambiente. Huss sostiene que entre la recuperación de una lesión y el regreso al rendimiento hay una tierra de nadie que el sistema tradicional no cubre, y que es justamente ahí donde los deportistas se relesionan una y otra vez. "El kinesiólogo te saca el dolor, el entrenador te mete carga, y en el medio hay una etapa que no cubre nadie", dice. Hace más de una década trabaja sobre ese hueco y dirige EVOLVERE, un sistema interdisciplinario basado en el análisis del movimiento que aplica tanto a la rehabilitación como a la construcción de rendimiento.

El paciente que volvía siempre

El clic definitivo no llegó desde los libros sino desde el consultorio de traumatología donde trabajaba. Había un paciente con una lesión de manguito rotador al que veía tres o cuatro veces por año, siempre por el mismo dolor de hombro. Huss le bajaba la molestia, el hombre se iba contento y, un tiempo después, volvía. Un día lo entendió: estaba resolviendo el motivo de consulta, pero no el mecanismo que lo producía, que en ese caso era el gesto con el que el paciente jugaba al tenis. "Trabajar solo sobre el síntoma termina siendo como emparchar un problema sin resolverlo", resume. A partir de ahí decidió meterse de lleno en la biomecánica, ese territorio que conecta la etapa de curar con la de rendir.

Por qué duele donde no está el problema

Una de sus ideas favoritas para explicar en voz alta es también de las más difíciles de creer: que el cuerpo suele quejarse en la zona que compensa y no en la que realmente falla. Para bajarlo a tierra tiene una analogía que repite. Imaginemos que alguien tiene que limpiar un ventanal enorme con un trapo, pero con el codo rígido, flexionado a noventa grados, sin poder pararse ni ayudarse con el resto del cuerpo. Para llegar a los bordes va a forzar el hombro y la muñeca. Una vez no pasa nada. Repetido en el tiempo, con esas dos articulaciones haciendo el trabajo que el codo no hace, aparecen la sobrecarga y la lesión.

A eso se lo llama interdependencia regional, y describe cómo se reparte el estrés mecánico por el cuerpo. Si la tensión se concentra en pocos puntos, el desgaste se acelera ahí; si se distribuye, el impacto se disipa. Por eso, insiste Huss, puede doler el hombro cuando el conflicto verdadero está en el codo. Y si el tratamiento se limita a calmar el hombro sin corregir esa restricción, la recaída vuelve apenas la persona repite el gesto.

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"Que el dolor se te vaya por un rato no significa que lo hayas resuelto"

Buena parte de su discurso gira alrededor de una distinción simple. El sistema, dice, decide altas mirando cantidad: cuánta fuerza, cuánta movilidad, cuánta resistencia recuperó el deportista. Esos números no están mal, aclara, pero son incompletos, porque no dicen nada de la calidad del movimiento. "Los parámetros de cantidad te dicen cuánto podés hacer. No cómo lo hacés", explica. Para medir eso que casi nadie mide usa lo que llama las 3 R: rango, la amplitud a la que llega una articulación y cómo la consigue; ratio, la proporción con la que se mueve un segmento respecto de otro; y ritmo, la velocidad a la que se desplazan en conjunto.

Fuerte, pero moviéndose mal

En tiempos de gimnasio lleno, running de fin de semana y pádel por todos lados, hay mucha gente que entrena más fuerte que nunca y se lesiona igual. ¿Se puede ser muy fuerte y moverse muy mal? Para Huss, ahí está el malentendido. Lo compara con un edificio: que tenga muchos pisos no lo hace mejor si nadie miró los cimientos, los materiales, la estructura. "Aumentar la actividad sobre un cuerpo con malos patrones de movimiento es como seguir construyendo pisos sobre bases mal hechas", dice. Primero, las bases.
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El deportista que copia a Messi

Con los amateurs tiene un diagnóstico afilado. El error más común, cuenta, es querer replicar las rutinas de las estrellas. "Creer que copiar lo que hace Messi es la clave del éxito muestra una falta de comprensión sobre la individualidad de cada persona", lanza. Cada cuerpo, sostiene, tiene sus necesidades, sus disfunciones y sus metas, y el camino serio empieza por definir adónde se quiere llegar, medir desde dónde se arranca, cuales son las limitaciones reales y recién ahí planificar con métricas claras y objetivas. Copiar, para él, es saltearse todos esos pasos.

El miedo, ese que no aparece en la resonancia

Hay un tema que a Huss le interesa especialmente porque no figura en ninguna imagen: el miedo. Después de una lesión grave, el deportista vuelve a competir pero no entra igual a la jugada. Existe hasta un nombre técnico, kinesiofobia, el temor al movimiento por miedo a la recaída. Lo describe como una calle de doble mano, donde la cabeza afecta al cuerpo y el cuerpo afecta a la cabeza. Para rastrearlo usa una banda cardíaca que mide el estrés del sistema nervioso ante distintos estímulos. Si ante una carga que no debería asustar aparece una reacción desproporcionada, algo no está listo, y desde ese dato investiga si el origen es físico o mental.

El mismo espíritu crítico atraviesa su mirada sobre las decisiones médicas. Huss cuenta que fue invitado a exponer en el departamento de cirugía del Hospital Méndez, en Buenos Aires, y que ahí observó cuánto pesan las imágenes por sobre la funcionalidad real del paciente. Su punto es que las lesiones que no vienen de un golpe suelen tener una causa funcional, y que operar lo que se ve roto sin corregir el mecanismo que lo rompió es intervenir sobre la consecuencia. Cuando los estudios dan bien y el dolor sigue, agrega, el modelo de diagnóstico médico convencional se queda sin respuestas.

Aprender a no necesitarlo

Detrás de todo hay una frase que funciona casi como declaración de principios y que en un rubro donde el paciente que vuelve es el que sostiene el negocio suena a contramano: "El objetivo no es que dependas de mí. Es que aprendas a no necesitarme". Huss lo defiende con lógica de largo plazo: cuanto mejor resuelve, más lo recomiendan, y un paciente que nunca termina de mejorar tarde o temprano se va con una mala reseña. Esa convicción se conecta con su proyecto más ambicioso, una vertical de formación para kinesiólogos y entrenadores, y con la idea que repite en cada charla y en cada video que sube a sus redes. "A los deportistas, y también a los profesionales, nos enseñaron qué pensar sobre el cuerpo y no cómo pensarlo", dice. Su apuesta, en el fondo, es menos receta y más criterio propio. "El que entiende lo que hace obtiene mejores resultados", cierra. Y en el medio, entre el alta y la cancha, sigue estando esa etapa que, insiste, todavía casi nadie ocupa.

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