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González Fraga: las razones del vice

Por Carlos Pagni* Borges sostuvo que al destino le agradan las simetrías. Al seleccionar a Javier González Fraga como vice de su fórmula, Ricardo Alfonsín confirmó esa tendencia: su nuevo socio fue el presidente del Banco Central que, en 1989, debió lidiar con la inflación desbocada que dejó Raúl Alfonsín al irse del poder. Por lo visto, la identificación del candidato con su padre tiene un límite.

Tal vez sea ése el mensaje que Alfonsín pretende emitir con su decisión: para los que dudan de su racionalidad económica, se hace escoltar por un especialista respetado en el mundo de los negocios, y que a la vez cultiva una conveniente heterodoxia. En otras palabras, hace un guiño a los mercados, pero un guiño "progre".

Alfonsín anduvo detrás de esa cuadratura del círculo en sus aproximaciones a Roberto Lavagna. Pero en las últimas 72 horas las pretensiones el ex ministro se volvieron demasiado exigentes. Lavagna sugirió que sólo estudiaría la propuesta de incorporarse a la fórmula en el marco de un acuerdo entre el radicalismo y el Peronismo Federal de Eduardo Duhalde, que también lo quería como aliado. En la mañana de ayer, además, algunos amigos le acercaron otra sugerencia: que insistiera en esa combinación pero proponiéndose como candidato a presidente.

El inconveniente mayor del pliego de Lavagna no era el tamaño de sus ambiciones sino que demoraba demasiado el anuncio de la fórmula. Después de romper con Hermes Binner, el principal objetivo de Alfonsín fue evitar que se instalara la idea de que sus invitaciones eran rechazadas una y otra vez. En ese contexto apareció el nombre de González Fraga. En rigor, estaba más cerca de lo que todos se imaginaban: era el mediador más activo entre los radicales y Lavagna.

González Fraga está ubicado desde hace tiempo en una intersección política. Desde los años '80 mantenía una buena relación con los economistas radicales, en especial con Juan Sourrouille y José Luis Machinea. También se hizo amigo de Ernesto Sábato, de quien terminó siendo cuñado.

En aquellos tiempos alfonsinistas, el economista lideraba el estudio Alpha, donde lo secundaban la actual ministra de Producción, Débora Giorgi, y uno de los asesores de Elisa Carrió, Pedro Lacoste, estrecho amigo suyo hasta estos días.

González Fraga tiene una cercanía similar con otro dirigente de la Coalición Cívica, el diputado Alfonso Prat-Gay, quien fue su alumno en la Universidad Católica. Anoche Prat-Gay saludó la designación de su profesor en la fórmula radical, diciendo que "es muy saludable que alguien con las calidades personales y profesionales de Javier se incorpore del todo a la actividad política".

En los '90, Carlos Menem designó a González Fraga al frente del Banco Central. Estuvo por un tiempo allí, con un perfil técnico. Más tarde le brindó un enfático apoyo a la convertibilidad, aunque, con el tiempo, se fue transformando en uno de sus críticos más severos.

Con Néstor Kirchner en el poder, González Fraga respaldó la gestión de Lavagna, a quien quedó ligado hasta ahora. Esa afinidad hizo que Lavagna lo señalara su alter ego en materia económica cuando se lanzó como candidato a presidente por la UCR, en 2007. Esa identificación hizo que González Fraga debiera renunciar al directorio de varias empresas, entre ellas Edenor, Autopistas del Sol y Autopistas del Oeste.

Pragmático para interpretar la economía, con gran poder de comunicación, González Fraga es un interlocutor habitual de Duhalde y su círculo más estrecho. Es la razón por la cual algunos observadores especulaban anoche con que la instalación de este economista al lado de Alfonsín podría ser la valencia de algún acuerdo con el peronismo disidente.

Es curioso: con González Fraga, Alfonsín sumó otro empresario a su entorno, donde ya está Francisco De Narváez. Sucede que, además de ejercer su profesión como consultor, el economista fue el fundador de la productora de lácteos La Salamandra. La empresa fue bautizada así por un familiar del candidato, para quien él tiene la virtud que la leyenda atribuye a las salamandras: poder cruzar el fuego sin quemarse. Se verá si esta vez, de nuevo, lo consigue.