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El viernes no te cases ni te embarques

*Por Luis Mazas. Alezzo no es sólo un referente ni un memorioso. Dirige la obra de Carlos Gorostiza Vuelo a Capistrano, una intensa reflexión existencial.

Querido diario: vivo de asombro en asombro. Debiera resultar positivo, pero me sume en un mar de estupor y de bochorno. El futuro del planeta me tiene muy inquieto. Y cada noche, antes de pegar un ojo, me despido de todo, inseguro de volverlo a ver tal como era. Que tsunamis, que radiactividad en el aire (como en un estudio de televisión pero más tóxico)... El mundo ya no es lo que era. Veo todo con cristal de Apocalipsis, que imagino color gris ceniza. Con la confianza de escribir sólo para vos y para mí, empleo unas cuantas palabras "fastidiosas", como Apocalipsis. Siempre lo supuse sinónimo de "el principio del fin", pero leo que se refiere a varias ideas, a cual más inquietante. Últimamente encuentro Apocalipsis hasta en la sopa.

Salen del placard como polillas de otoño: hay Apocalipsis nuclear, financiero, capitalisto, religioso; Apocalipsis mediático (en arameo, Apocalipsis de la Web), que sería como que se cae el sistema y los bancos no te pagan el sueldo (me suena reminiscente). Decir Apocalipsis abría un agujero negro que se tragaba a sí mismo, hasta que llegó la lingüística como ambulancia del SAME y trajo un verbo nuevo: desambiguar.

"¿Qué mirás con esa mala onda?" Respuesta moderna: "No sé si contestarte lo que pienso o primero desambiguo lo que te entendí". Yo desambiguo, tu desambiguas, el desambigua (¿qué dirá la Real Academia Española, tan perdida en sus propias contradicciones?). Sea como sea, no me gusta "desambiguar", suena a verdad cruda y ya sabemos que es indigesto, aunque siempre se ejerció. Como "tirar la piedra y esconder la mano", igual que los diplomáticos, los políticos, el FMI, las bulas y las declaraciones de la ONU. Sigo conjugando: "nosotros desambiguamos...". Bueno, si nosotros desambiguáramos, sería un Apocaliypse Now!, como en las reuniones de consorcio. Te aclaro, diario, que he llegado a saber que desambiguar viene a decir "efectuar las operaciones necesarias para que una palabra, frase o texto pierdan su ambigüedad". O sea, averiguar a fondo.

Pero yo lo decía sobre el asunto de esos Apocalipsis, de los que tanto se habla en estos días. Está relacionado con el género "catástrofe", que tan bien funciona en el cine. Con la ventaja de que el sonoro triturar pochoclos de los vecinos de butaca no permite concentrarnos y tomar muy en serio los presagios de la peli. El cine, como la novela, y sus similares híbridos juegan mucho y seguido con hecatombes planetarias. Aunque siempre aparece un Bruce Willis que arregla el problema antes de que el final del film coincida con el de la vida en la Tierra. Tal vez por eso he advertido que la gente no está tan preocupada como yo por las cosas que se ven en los diarios, por Facebook, Twitter y en especial en WikiLeaks, una mezcla de Ángel Exterminador, aunque, tal vez, sólo de cucarachas.

¿Quién dijo que las cucarachas heredarían la Tierra tras las guerras y la radiación nuclear? Ya sea por los efectos de los rayos gamma sobre las margaritas (ver pieza homónima de Paul Zindel y film de Paul Newman) o, peor, debido a la desintegración radiactiva del uranio-radio. "¡Un militante de Greenpeace por la derecha, por favor!" No sé qué pensar. Pero visto cómo resisten el paso del cucarachero que fumiga todos los viernes, comparto: los coleópteros saldrán vencedores del desastre humano. Es más, ya deben estar haciendo los trámites legales del traspaso de titularidad planetaria (como esto queda entre nosotros, te escribo, diario, tal como mis desordenadas obsesiones me lo permiten).

Cualquier formalista me tildaría de hereje, pero me viene a la memoria aquello de: "El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras...". Adivinaste: Borges, Jorge Luis. Escrito en 1985 (sobre dos presuntos combatientes en bandos opuestos, durante la Guerra de Malvinas). "El hecho que refiero –concluye Borges– pasó en un tiempo que no podemos entender." Como el de hoy. Diáfano una vez más el autor del poema Juan López y John Ward, página 95 de Los conjurados.

No te conté. Noches pasadas, previo a la ceremonia de entrega de los Premios Florencio Sánchez a la actividad teatral porteña 2010, el maestro Agustín Alezzo (75 años) discurría en el hall del Regina conmigo y una colega sobre el reciente reestreno en su nueva sala El Duende, de la ópera prima de Roberto Cossa, Nuestro fin de semana. La pieza se estrenó, memora, en marzo de 1964. En tiempos de José María Guido, precisa Alezzo. Guido asumió los poderes ejecutivo y legislativo, bajo el título de presidente, luego del golpe militar del 29 de marzo en aquel oscuro 1962 que derrocara y detuviera al presidente constitucional Arturo Frondizi. Se dice que fue para impedir que un militar ejerciera el cargo. Gambito del ajedrez político vernáculo que interrumpió el interregno intermitente de nuestras democracias. Parafraseando el arranque del poema borgeano, "les tocó en suerte una –otra– época incierta". Nuestro fin de semana es una perdurable, testimonial pieza de situación e idiosincrasia. Tuvo una versión de Hugo Urquijo en 2002 y ahora Alezzo reinaugura El Duende con ese texto que superó el costumbrismo y quedó instalado como un clásico de nuestra escena, en esta ocasión bajo dirección de su discípulo dilecto, Lizardo Laphitz. Director y docente insoslayable, Alezzo es uno de los pioneros en introducir el método Stanislavsky en nuestro medio, marcando tras la huella de Hedy Crilla a todo el teatro argentino por venir. Don Agustín, en aquel álgido instante del otoño del ’62, revistaba en La Máscara, movimiento contestatario de teatro independiente, junto a Carlos Gandolfo, Augusto Fernandes y la propia Crilla, actriz austríaca, alumna del gran teatrista ruso. Y hasta allí se acercó un por entonces muy joven Roberto Cossa, arrimando su entonces novel texto. Y otro primerizo, Ricardo Halac, hacía lo mismo con Soledad para cuatro.

Agustín Alezzo no es sólo un referente aleatorio ni un memorioso de un pasado inerte. Regresa a su presente activo y cuenta que Carlos Gorostiza le pidió que dirigiera la obra que había escrito. El resultado es Vuelo a Capistrano, conocida en la reciente temporada estival como una intensa reflexión existencial, poética, un tanto desilusionada. Otra obra suya, sobre tres períodos álgidos de nuestra historia (1800, 1900 y 2000), se estrenará a principios de abril, El aire del río. La dirige Manuel Iedvabni para la temporada oficial del Teatro San Martín. ¿No te agota tanta voluntad, energía, tanto talento?

Autor de El puente (1949), obra fundacional de nuestro teatro, este joven Gorostiza (90 años) sabe que la tormenta –no el tsunami japonés– recién empieza y que su remezón será más fuerte. "El mundo atraviesa una época compleja –coincide anacrónico con Borges, y expande la idea–. Tiene que abrirse un cambio en las economías; en las relaciones de los hombres." Como Jano, su mirada va y vuelve del presente al pasado. "Si hubo una revolución francesa traicionada en la práctica, y una revolución soviética, inspirada en las mejores intenciones y grandes principios, también traicionada en la práctica, me pregunto, ¿todo eso que se soñó, se habrá secado? –hace una pausa y formula–. No lo creo. Cuando la ética se lesiona, aparece la estética y la salva. Confío en el instinto conservador del hombre para que las sociedades eviten males mayores."
Desde este punto de vista, si reaccionamos en conjunto, habría un tiempo previo a que se consuma la escatología apocalíptica de la "destrucción del globo" (John Dominic Crossan, The Birth of Christianity, 1998). "De todas maneras, el hombre es casi un error", insiste Gorostiza, demoliendo mi esperanza. "Con los años uno se pone más veraz, porque tiene menos que perder", ironizaba otra maestra inolvidable y combatiente de la cultura, Alejandra Boero. Entre el cauto optimismo y pragmático lato, se habla aún de utopía, que es apostar confianza en lo que vendrá. Aun cuando no venga nada. La respuesta, hermano, está en el viento, según la canción de Bob Dylan. Pero, ¿qué viento? ¿El nuclear?

La antigua cultura maya lanzó al mar del futuro un mensaje embotellado, con un terrible vaticinio: estamos hoy al término de una Era Cósmica. "Habrá grandes señales en el cielo"; tormentas solares con explosiones de plasma; terremotos. Traducción: si no nos destruimos nosotros, la condena está decretada por la profecía de los antiguos. Es el fin de la era del "Quinto Sol". El comienzo de otro ciclo cósmico, el Sexto. "¿Justo a mí me tenía que tocar ser contemporáneo, aquí, ahora?", pregunto, estilo Mafalda. Parece que el calendario maya concluye abruptamente el sábado 23 de diciembre de 2012. Una ola de calor aumentaría la temperatura del planeta, habrá cambios climáticos, geológicos y sociales sin precedentes y de rapidez asombrosa. Según sus profetas, nuestro Astro Rey, especie de Khadafi, será depuesto de un plumazo, con nosotros cerca. Vendrá un rayo desde el centro de la galaxia, una inmensa llamarada; acaso en forma de cometa (no confundir con coima, porque no habrá acomodo que valga para zafar). La radiación sacudirá la Tierra y el resto del sistema solar. Es decir, ¡de nuevo sopa!

Y para terminar este ameno adelanto de un Apocalipsis anunciado, les advierto que no vale esconderse bajo la cama junto a los dólares que supimos conservar. Margarita Xirgú decía, maximalista: "Sólo con certificado de defunción se puede faltar a una función". Y a este espectáculo tendremos que concurrir todos los que estemos de cuerpo presente. ¿Cómo dice? ¿Si puede invertir los ahorros y fines de semana construyendo en el sótano una "habitación del pánico"? Como terapia ocupacional, acaso. Aunque sospecho que no entendió la megadimensión del show que se prepara. Para consuelo de inconsolables: todo es relativo en este universo. Hasta la Teoría de la Relatividad. Por las dudas, no reserve fecha en el Civil para el viernes 21 de diciembre del año entrante. Ni se embarque hacia ninguna parte, porque es posible que no la haya. Por otra parte, tengo oído que los pilotos y operadores de aeropuertos han declarado para esa fecha un paro en protesta por la medida inconsulta de la Naturaleza.