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El proyecto que busca ponerle nombre al dolor

El proyecto impulsa la creación de un Registro Nacional de Identidad del Hijo o Hija Fallecido/a Antes de Nacer, que permitirá que madres, padres y familias puedan inscribir voluntariamente a ese hijo o hija, asignarle un nombre y obtener un certificado oficial.

En Argentina, hay pérdidas que no figuran en ningún registro, que no tienen nombre, que no existen para el Estado. Son hijos e hijas que murieron antes de nacer, y para muchas familias, además del duelo, hay algo más difícil de atravesar: la invisibilidad.

Hoy, un proyecto de ley presentado por el Diputado Juan Fernando Brügge, en el Congreso de la Nación Argentina propone cambiar eso. Su objetivo es tan simple como profundo: reconocer la existencia de esos hijos, darles un nombre y validar el dolor de quienes los perdieron.

Cuando una persona pierde un embarazo avanzado o un bebé en el momento del parto, no solo enfrenta una tragedia íntima. Muchas veces también se encuentra con una respuesta fría del sistema: formularios, procedimientos y una denominación que duele casi tanto como la pérdida. “N.N.” Sin nombre. Sin identidad. Sin historia.

El proyecto con número de expediente 3568-D-2025, impulsa la creación de un Registro Nacional de Identidad del Hijo o Hija Fallecido/a Antes de Nacer, que permitirá que madres, padres y familias puedan inscribir voluntariamente a ese hijo o hija, asignarle un nombre y obtener un certificado oficial. No se trata de efectos legales ni patrimoniales. Se trata de algo más básico: reconocer que existió.

Nombrar es reconocer. Nombrar es darle un lugar en la historia familiar. Por eso, la iniciativa establece que los progenitores podrán elegir el nombre y apellido de su hijo o hija, y que el Estado deberá respetarlo.

También garantiza algo fundamental: el derecho a decidir qué hacer con el cuerpo —entierro, cremación o donación a la ciencia— y prohíbe expresamente una práctica que durante años fue habitual: tratar estos casos como residuos patológicos. Porque no son residuos. Son pérdidas humanas.

 

UNA LEY SIN EFECTOS CIVILES, PERO CON ENORME IMPACTO HUMANO

El proyecto es claro: la inscripción no genera derechos civiles ni sucesorios. No modifica situaciones jurídicas. Pero sí modifica algo igual de importante: la forma en que el

Estado mira, nombra y acompaña el dolor. La propuesta reconoce el derecho al duelo, la dignidad de la persona gestante y el valor del vínculo afectivo, incluso cuando la vida no llega a desarrollarse fuera del vientre.

Especialistas en salud mental perinatal coinciden en algo: el duelo gestacional existe y necesita ser validado. Durante años, estas pérdidas quedaron relegadas al ámbito privado, sin espacios de reconocimiento social o institucional. Este proyecto busca reparar, al menos en parte, esa ausencia: dar un lugar simbólico a quienes no lo tuvieron.

Argentina no estaría sola en este camino. Países como Francia, Alemania y Chile ya avanzaron en normativas similares, permitiendo la inscripción simbólica de niños y niñas fallecidos antes de nacer. A nivel local, la provincia de Misiones dio un paso en esa dirección en 2023, reconociendo el derecho al duelo gestacional.

Detrás de esta iniciativa hay historias concretas. Familias que eligieron un nombre, que esperaron, que imaginaron, y que luego debieron despedirse sin siquiera poder dejar constancia de ese vínculo. Historias donde el dolor no terminó en la pérdida, sino que continuó en la negación. Este proyecto propone algo distinto: que el Estado no llegue tarde, ni en silencio.

El proyecto es claro en cuanto a su esencia: Creación de un registro nacional voluntario, posibilidad de asignar nombre y apellido, emisión de certificado oficial en 48 horas, derecho a decidir sobre el destino del cuerpo, prohibición de tratarlos como residuos y reconocimiento del duelo y acompañamiento institucional.

Finalmente, hay pérdidas que no pueden repararse, pero sí pueden ser reconocidas. Este proyecto no cambia lo que pasó. No devuelve lo que se perdió. Pero propone algo que, para muchas familias, puede ser profundamente reparador: que ese hijo o hija deje de ser “N.N.” y pase a tener un nombre, una historia y un lugar.

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