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El Pingüino Serra no es "pingüino"

Samuel "Chiche" Gelblung se refirió al despido de un emblema del periodismo, al tiempo que le brindó su más profundo apoyo.

En medio del presunto degüello de kirchneristas en organismos oficiales y empresas paraoficiales, me enteré que la Editorial Atlantida S.A. hizo un pogrom de personal, arrancando con los mayores de edad y siguiendo con los menos viejos, cayeron hasta los cadetes. Varias decenas de empleados fueron despedidos, quizás anticipándose a la ley antidespidos.

Pero la figura emblemática de esta guerra del cerdo son el "Pingüino" Serra (Alfredo en los documentos) y Gabriela Coccifi, directora de Gente desde hace muchos años. Creo que Gabriela comenzó de pinche cuando, hace mil años, yo dirigía la revista. Con su talento y esfuerzo, y una operación de corazón en el medio, llegó al puesto máximo. Sin perder nada de su entusiasmo y brillantez.

El despido del "Pingüino" Serra (quizás pensaron que lo de Pingüino era por Néstor y Cristina) es todavía más indignante. En la lógica empresaria, Serra, el "Pingüino", quizás sea un viejo valetudinario. Tiene, creo, 77 años. Pero lo que no registra la lógica de los que hacen los pogroms reductivos de las "plantas permanentes" es que Serra es una de las plumas más exquisitas que tuvo, tiene y tendrá el periodismo argentino. Si es por fecha de vencimiento, sólo un ignorante puede pensar que el Pingüino está viejo: enseñó a escribir con sujeto, verbo y predicado a varias generaciones de jóvenes periodistas y sus textos son de una pulcritud y un vuelo apabullante.

Si lo echaron porque creen que es un colaboracionista del régimen kirchnerista que quedó como intruso en el staff, se equivocan. La lógica azteca acaba de consumar un acto salvaje para el periodismo argentino: arrancarle la pluma a un Pingüino irreemplazable.

Hace unos años, cuando hubo otra ola de ejecuciones masivas en las empresas que se fusionaban aquí y en el mundo, salió un libro que se llamaba el "Club de los dinosaurios". Era un grupo de ejecutivos que enfrentaba la lógica empresarial de que siempre lo que sobra es gente. Para optimizar resultados la solución es siempre la misma: despedir gente, empezando por los veteranos.

Como sé de qué se trata, varias veces me tiraron por la ventana y me dejaron sin trabajo, propongo, como lo hice alguna vez en Radio 10, recrear el club de los dinosaurios. No hay que pagar matrícula ni cuota. Hay que resistir, simplemente. Y no dejar que la topadora pase por encima. Seguí peleando, Pingüino. Yo te apoyo.