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El Dakar que nadie conoce

*Por Roberto Berasategui. La vida en el campamento es muy particular, centenares de carpas, falta de pudor y aprovechamiento del tiempo al máximo en un lugar único en el que las historias se multiplican.

El pudor, a esta altura, se perdió en algunos de los 5000 kilómetros que ya se recorrieron con la caravana del Dakar, en la mitad del recorrido. Ya poco importan las formas y la estética. El objetivo es aprovechar el tiempo al máximo para optimizar los recursos, ya escasos para muchos, y emprender el regreso a Buenos Aires. "Acá hay que estar siempre en funciones. Si tienes ganas de comer y puedes hacerlo, hazlo. Si estás cansado y puedes descansar, aprovéchalo; si debes trabajar, no lo dejes para más tarde. En el Dakar no se puede predecir nada. Absolutamente", fue el consejo que un colega español brindó horas previas del primer Dakar efectuado en América del Sur. Y así es.

Llega un momento que no importa nada más que ejecutar lo que se aproxima. Y así se vive el día a día. Así, se ven carpas diseminadas por cualquier lugar. Al lado de los camiones, al reparo de un vehículo, detrás de una estructura. Algunos ni siquiera arman las carpas. Las bolsas de dormir se multiplican en aquellas estructuras grandes, que durante el día se utilizaron para una actividad determinada y por la noche es un gran albergue improvisado. Chinos, franceses, argentinos, españoles, descansan un rato. Imposible conciliar el sueño durante ocho horas seguidas, ya que los movimientos permanentes en el bivouac (campamento) suman diversos ruidos.

Por lo general, el gran despertador del campamento es el arranque de los helicópteros. Los motores giran y el estruendoso giro de las aspas corta el descanso de la mayoría de los 2500 habitantes de una ciudad nómade, que se traslada diariamente entre cada puesto de las etapas. El bivouac despierta vacío. Las principales estructuras ya están armadas y aguardan la llegada de los integrantes del Dakar. De a poco, arriban los equipos. Cada asistencia se instala y demarca una zona con cintas plásticas, donde estacionarán los vehículos de competición por la tarde o la noche, cuando arriben, en el mejor de los casos, al completar la etapa. Cualquiera se cambia de ropa en cualquier lugar. Caminar desnudo alrededor de su vehículo es moneda corriente. Los baños son químicos (como si fuesen cabinas telefónicas cerradas) y rodean unas diez canillas, donde por la mañana la mayoría acude a lavarse la cara y los dientes.

El resto se provee de botellas de agua mineral y eso sirve para lavarse las manos, los dientes y hasta para afeitarse. Sin espejos, muchos utilizan las pantallas de las cámaras fotográficas, que al estar apagadas, reflejan la imagen del barbado que intenta manejar la maquinita descartable para quedar impecable. Las duchas están ahí nomás. También poseen el mismo sistema que los baños (son cabinas más grandes), ubicadas dentro de una gran carpa. Una manija permite abrir la ducha, provista de agua que entrega un camión cisterna. Es tan fría que seguramente pocos la utilizarían en condiciones normales. Aquí, ante el calor del desierto, cae como una refrescante bendición ante la arenilla y el impiadoso sol. Claro que el porcentaje de mujeres dentro de la caravana es ínfimo. Y el sector de las duchas posee casi la misma cantidad de cabinas para ambos sexos.

A cierta hora, cuando arriba la mayor parte de los participantes, los más osados invaden ese sector. Nadie se escandaliza. Cada uno tiene los minutos contados, el cansancio abruma y la ducha es un trámite más de los tantos que hay que ejecutar. La sala de prensa está a full. Los 230 periodistas de más de 30 países habitan una carpa blanca, ocupada por 23 largas mesas con bancos. Catalanes a los gritos en directo para la radio; chinos que aparecen a las 20, con la linterna de minero sobre la cabeza para comenzar con su tarea; los franceses que dominan la escena, al margen de los argentinos y los chilenos, desde el medio del desierto comunican una carrera a todo el planeta, con señales satelitales.

Mientras a algunos colegas no les funciona el celular del otro lado de la cordillera, los representantes de la prensa europea despliegan sus antenitas apuntando al Norte para buscar el satélite y se conectan con sus respectivos medios, además de chatear y ver vía cam a sus familias. Eso sí, para mirar la pantalla de la notebook se utilizan unos protectores negros que eliminan la luz externa y sólo se ve la pantalla. El sol se filtra en la tela blanca de la carpa y sin lentes oscuros todo se encandila. El espacio para la gastronomía es vital para el funcionamiento del bivouac. Allí no sólo se entregan las raciones para el desayuno, el almuerzo y la cena diarios (unos 8000 litros de agua por día y otras tantas raciones de alimentos), sino que es el lugar para distenderse y dialogar. Los pilotos comentan sus vivencias y destacan, con resaltadores de distintos colores, la hoja de ruta que le entregaron para la etapa del día siguiente. La carpa, que contiene 60 mesas para ocho personas cada una, se despliega en forma de "u" o herradura. En el medio siempre se enciende una gran fogata.

Si la noche es fresca (la amplitud térmica en el desierto es intensa -en Calama pasó de 2 grados bajo cero a 34-), muchos se paran a su alrededor y se distienden después de una jornada agotadora. Al igual que en otros sectores del campamento, hay que mostrar la credencial (sin ella nadie transita el bivouac) y a través de un postnet, se verifica su autenticidad. La mayoría utiliza un sistema de carpas que se arma en sólo dos segundos. Con sólo quitarla del envoltorio, automáticamente se despliegan y quedan paradas. Muy prácticas para armar y desarmar todos los días. Mientras algunos se recuestan sobre la bolsa de dormir, otros recién llegan al bivouac, después de vivir inconvenientes en la etapa. Por eso a veces se cruzan en el camino los que salen para una etapa y los que llegan de la etapa anterior. Aunque parezca llamativo, también hay un sector VIP en el campamento. Son las empresas que arman sus carpas para brindar ciertos servicios. Personal, por ejemplo, otorga un servicio de telefonía y de Internet a la prensa, en especial para los nacionales en Chile. Helicópteros, aviones militares a disposición de la organización (con ellos se trasladan los periodistas y los médicos), viajan de una punta a otra de cada etapa, para llegar a otro campamento, a más de 600 kilómetros de distancia, para encontrarse otra vez con un bivouac, con la misma disposición que el anterior. Y nuevamente armar la carpa, buscar las duchas, dedicarse a la respectiva labor.

 Y volver a empezar.

EL PRESIDENTE PIÑEYRA VISITÓ EL CAMPAMENTO
Por la mañana, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, recorrió el campamento del Dakar en Arica. Conoció el trabajo de los equipos, observó de cerca los principales vehículos de la competencia y expresó que su deseo es que el Dakar se identifique cada vez más con Chile.