DOLAR
OFICIAL $816.08
COMPRA
$875.65
VENTA
BLUE $1.18
COMPRA
$1.20
VENTA

Detuvieron a una pareja por el crimen de Fernando Marino, el repartidor asesinado en un robo en Adrogué

Un hombre y una mujer fueron aprehendidos en Burzaco. En la casa donde vivían la Policía secuestró un arma 9 milímetros.

Casi 50 horas después de que Fernando Marino muriera desangrado por una bala que le entró al cuerpo por una axila en lo que se presume fue un intento de robo en Adrogué, un hombre y una mujer fueron detenidos este miércoles en la zona sur del Gran Buenos Aires por orden de la Justicia: son los sospechosos de haber cometido el asesinato durante el mediodía del lunes.

Cinco allanamientos simultáneos llevó a cabo sobre el final de la tarde del miércoles la Policía Bonaerense por orden del juez de Lomas de Zamora Gabriel Vitale, quien aceptó el pedido de la fiscal Mabel Lois que investiga los hechos. Los acusados por el crimen del joven repartidor de 28 años son una pareja joven que, según los investigadores, quisieron robarle a Marino a bordo de una moto azul.

Los sospechosos estaban en la casa de uno de los padres de ellos porque la propia está en refacción. Pero allí los investigadores encontraron elementos posiblemente vinculados directamente con el hecho: un casco de moto y un chaleco que son similares a los que se ven en las cámaras de seguridad que registraron momentos del ataque. También hallaron un arma 9 milímetros.

“Algunos allanamientos dieron negativo pero pudimos aprehender a las dos personas indicadas como posibles autores del hecho, estaban refugiados en la casa del padre de uno. Se secuestró todo el material que va a servir para la causa”, indicó una fuente del caso a Infobae, segundos después de concretar el operativo.

Según contaron los investigadores, además una persona sirvió para identificar a los sospechosos después de ver el video del ataque por la televisión. Ese testigo los pudo reconocer e incluso aportó el dato de las redes sociales de la pareja.

A partir de eso, la hipótesis de que serían los autores del crimen se consolidó, ya que notaron actividad extraña en sus redes. Especialmente empezaron a borrar fotos donde se les veía la cara.

Diez minutos duró la agonía de Fernando Marino sobre el asfalto de la calle Italia, en Adrogué. El joven de 28 años, que hacía pocos días había emprendido un nuevo trabajo como repartidor, recibió un disparo en la axila desde el arma de uno de los dos asaltantes que quisieron robarle y murió poco después.

Ocurrió el último lunes, cerca de las 13. Marino conducía la Renault Kangoo gris que era de su papá por la calle República de Italia al 900. Debía entregar un pedido y buscaba la dirección de destino. Por eso conducía a muy baja velocidad cuando una moto azul sin patente y con dos personas a bordo lo interceptó para, se cree, robarle.

Se estima que el hombre detenido manejaba la moto y la mujer iba atrás. Por lo que podría haber sido ella quien disparó a Marino. “Es muy probable”, admitió a este medio uno de los investigadores.

“Sin mediar palabra se le pusieron a la altura de la ventana, en lo que creemos fue un intento de robo. En ese momento, Marino hizo un mal movimiento con el vehículo, como si hubiese pisado un pedal por error”, detalló un investigador a Infobae. En esa secuencia, que aún no fue completamente esclarecida, los asaltantes dispararon hacia el interior de la camioneta y lo hirieron a la altura de la axila. Escaparon sin robar nada pero con un homicidio a cuestas.

La secuencia completa muestra cómo Fernando se arrojó de su camioneta, que siguió en movimiento y con la puerta abierta hasta que se fue del cuadro registrado por la cámara de seguridad de un vecino. Marino quedó primero arrodillado sobre el asfalto. Luego se sentó y se agarró las axilas y segundos más tarde se inclinó sobre sí mismo. Un auto negro pasó por al lado y lo esquivó, pero no se detuvo.

A las 13:10 Fernando vio pasar el auto y lo miró, como si pidiera ayuda. Se nota en el video el dolor en los gestos de su rostro. Dos minutos más tarde, que parecen una eternidad, con Marino cada vez más quieto y en la misma posición, apareció un auto rojo, que frenó pero nadie bajó del vehículo. Casi en simultáneo llegó una camioneta azul y una moto con un repartidor, que lo observó y siguió.

En cambio la camioneta frenó al lado de Fernando. El conductor bajó la ventanilla y le habló a la víctima al tiempo que un vecino cruzó la calle por al lado. Facundo no levantaba la cabeza. No se sabe si respondió, pero no miraba al conductor de la Ford, que no se bajó del vehículo.

A las 13:13 aparecieron otros vecinos. Un hombre vestido de azul se acercó finalmente a Marino. Y luego se aproximó una mujer. Inmediatamente llegaron otras personas y el primer policía, un agente de la Bonaerense, que fue la primera persona que hizo contacto físico con Marino. Se arrodilló a su lado y habló con él.

El hombre de campera azul se acercó a Marino, que se miraba el pecho. Fue como si en ese momento descubrieran que el joven está herido de un balazo. Incluso pareció que la propia víctima se descubría baleado en ese momento. Mientras tanto, cuatro vecinos observaban la situación desde la vereda y el conductor de la Ford seguía a bordo de su camioneta pero a las 13:14 dio marcha atrás.

Y en ese momento apareció una mujer policía para hablar con Marino. Le abrió la campera y comprobó la herida. Se acercaron más vecinos y apareció otro hombre que, por los gestos, relató el momento del intento de robo. Marino seguía solo, sentado con las piernas cruzadas, agonizante. Nadie le hablaba.

A las 13:17 algo ocurre con Facundo porque los vecinos que miraban desde la vereda se le acercan. En ningún momento llega un médico y mucho menos una ambulancia. Diez segundos después arriba un patrullero de la Bonaerense, llega con velocidad y frena al lado de Marino.

Del lado del acompañante se bajó la mujer policía que antes había hablado con él. El agente que conducía el móvil despejó los asientos traseros y guardó camperas en el baúl del auto. Entre varios lo ayudaron a Marino a ponerse de pie e intentaron ingresarlo en el patrullero. Pero Marino se desvaneció antes.

“El oficial le preguntó si podía esperar la ambulancia pero él no hablaba, solo asentía con la cabeza. Lo cargamos al patrullero pero se desplomó cuando lo quisimos subir. Tengo todavía la sensación del muchacho cuando se me desplomó encima mío”, contó en una entrevista con el canal TN Jonathan, el vecino que escuchó los disparos y llamó al 911.

Finalmente con ayuda lograron que entre al auto. Un vecino se metió por la otra puerta y ayudó desde adentro del móvil a que el joven pueda sentarse. Casi a las 13:19, el móvil policial salió hacia el Hospital Lucio Meléndez. Poco después, el corazón de Fernando Marino se detuvo.

Fernando convivía desde hacía muy poco tiempo en Sarandí con Mayra, su novia desde hace seis años, había terminado el colegio en la Escuela Secundaria de Jóvenes y Adultos de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) –que también publicó un comunicado en el que lamentaron su muerte y enviaron condolencias a su familia– y estaba pensando en empezar una carrera universitaria.

Dejá tu comentario