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Desactivar una bomba ecológica

* Mario Decara. Remediar el enterramiento demandará tanto tiempo como años se usó. Ojalá exista quien se haga cargo del gasto y las tareas que van a ser imprescindibles para desactivar esta bomba ecológica.

La industrialización y el desarrollo tecnológico han traído grandes beneficios, con una consecuencia no deseada: la generación de grandes cantidades de residuos, a veces innecesarios, que deteriora el ambiente, con impacto en la salud humana.

Esta realidad demuestra la falta de políticas públicas que aborden de manera integral el manejo de los residuos sólidos urbanos (RSU) con criterios de sustentabilidad, además de concientizar a la ciudadanía y alentar su participación en la discusión y definición de su tratamiento.

Lo ocurrido con el basural de Bouwer es un ejemplo de ello. El anuncio de la Municipalidad de Córdoba de abandonar la utilización definitiva del enterramiento no nos debe generar la falsa expectativa de que ya no implica ningún riesgo para la salud humana y que se ha solucionado el problema. No es así. Este relleno sanitario produce contaminación atmosférica, debido a los gases asociados a la biodegradación que emanan del enterramiento, como también genera contaminación del suelo por la acumulación de residuos, con presencia de microorganismos patógenos, metales pesados, sustancias tóxicas e hidrocarburos, lixiviados, etcétera. Esto, a su vez, implica un impacto sobre la flora y la fauna.

Todo esto puede afectar la salud de los habitantes de Bouwer debido a la proliferación de vectores tales como ratas, moscas, mosquitos, cucarachas, aves y ganado que pudieran estar en contacto con ese relleno.

Para que el cierre del basural cumpla con el fin deseado por las autoridades comunales y vecinos de Bouwer –esto es, terminar con sus efectos nocivos–, es imprescindible que los responsables de su existencia y uso asuman el compromiso respecto de una planificación seria de remediación del terreno afectado. Y hablar de remediación significa reparar el daño producido al ambiente a través de un conjunto de procesos por los que se intentarán recuperar las condiciones y características naturales de ambientes o suelos contaminados.

Serias dudas. Tengo serias dudas de que el cierre abrupto y obligado haya sido la mejor alternativa para los vecinos de Bouwer. Quizá hubiese sido preferible un cierre paulatino y convenido, equilibrando en el tiempo el ingreso de basura con las tareas de remediación, en un lapso que nos asegurara que, junto con su última utilización, se daba también el cierre definitivo de acuerdo a las normas establecidas para este tipo de acción.

Claro que esto hubiera demandado varios años más de uso planificado que, al parecer, las autoridades y vecinos no estaban en condiciones de tolerar.

Esa planificación debió comprender todas las acciones de adecuación y preparación del terreno, de provisión e implantación de infraestructura y obras varias, de aporte de materiales específicos, de uso de los distintos medios tecnológicos de remediación (biorremediación, biopilas, bioventeo), conforme a los diversos contaminantes que allí se encuentran, a fin de concretar el cierre definitivo.

Posiblemente, el espacio verde que se debe generar tras la reconversión del predio no podrá utilizarse con fines recreativos o productivos por lo menos hasta 10 años después del cierre, para evitar cualquier tipo de consecuencias negativas. Remediar este enterramiento nos demandará tanto tiempo como años de uso. Ojalá, una vez cerrado el basural, haya quien se haga cargo del gasto y las tareas que va a ser imprescindible realizar para desactivar esa verdadera bomba ecológica.