De una filtración del Pentágono a la ONU: cómo escaló la disputa entre Argentina y Reino Unido por Malvinas
La controversia por la soberanía de las islas sumó en los últimos meses nuevas sanciones, una ofensiva judicial contra las petroleras y movimientos militares. El proyecto Sea Lion, las señales de Donald Trump y el reclamo argentino ante Naciones Unidas quedaron en el centro de la escalada.
La disputa entre Argentina y el Reino Unido por las Islas Malvinas atraviesa uno de sus momentos de mayor tensión diplomática de los últimos años. En pocos meses, el conflicto pasó de una filtración sobre la posición de Estados Unidos a una serie de medidas anunciadas por el gobierno de Javier Milei, respuestas de Londres, una ofensiva judicial contra empresas petroleras y nuevas gestiones diplomáticas que tendrán a la ONU como escenario esta semana.
En el centro de la controversia aparece además un factor económico: el proyecto Sea Lion, un yacimiento de petróleo ubicado en aguas al norte de las islas que es impulsado por la británica Rockhopper Exploration y la israelí Navitas Petroleum. Para la Argentina, su explotación constituye un avance sobre recursos que considera propios.
La filtración del Pentágono y la primera señal de Trump
Uno de los primeros episodios de esta nueva etapa se produjo en abril, cuando Reuters publicó el contenido de un correo interno del Pentágono que mencionaba posibles represalias de la administración de Donald Trump contra países de la OTAN que no habían acompañado las operaciones militares estadounidenses en Medio Oriente.
Entre las medidas analizadas figuraba la posibilidad de revisar el respaldo diplomático de Washington a reclamos europeos sobre antiguas “posesiones imperiales”, con una referencia explícita a las Malvinas.
El episodio se produjo en medio de las diferencias entre Trump y el entonces primer ministro británico Keir Starmer por la posición de Londres frente a las operaciones estadounidenses contra Irán.
Desde el Departamento de Estado evitaron anticipar un cambio de postura. El subsecretario Thomas G. DiNanno sostuvo entonces que Estados Unidos mantenía una posición de neutralidad respecto de la disputa.
La Casa Rosada recibió aquella señal con cautela. Milei insistía en que su gobierno hacía “todo lo humanamente posible” para que las islas regresaran a la Argentina, mientras que Londres reiteraba su posición histórica: la soberanía británica sobre el archipiélago no estaba en discusión.
Trump volvió a poner a Malvinas en el centro
El segundo capítulo llegó el 1 de septiembre, cuando Trump fue consultado en el Salón Oval sobre si Estados Unidos podía revisar su postura respecto de la soberanía de las islas.
“Siempre reviso cada posición. Es solo una de muchas”, respondió.
La frase tuvo un fuerte impacto en Buenos Aires. Milei la calificó como una declaración “muy fuerte” respecto de la causa que considera central para los argentinos y el Gobierno comenzó a avanzar con nuevas medidas.
Días después, el 3 de septiembre, el Presidente utilizó la cadena nacional para anunciar una batería de acciones. “Las Islas Malvinas son argentinas por historia y por derecho. No hay debate”, afirmó.
Entre las medidas anunció sanciones para empresas que participen en la explotación de recursos naturales en el archipiélago sin autorización argentina, un refuerzo del presupuesto de Defensa destinado a la construcción de una base naval en Tierra del Fuego y un proyecto de ley para endurecer las sanciones contra quienes exploten recursos naturales en las islas.
La Casa Rosada señaló específicamente al proyecto Sea Lion, que contempla la explotación petrolera offshore al norte del archipiélago. El Gobierno sostiene que las empresas involucradas avanzan sobre recursos argentinos sin autorización.
El decreto 868/2026 designó además a la Cancillería como autoridad de aplicación de la Ley 26.659 y estableció mecanismos para detectar posibles actividades de exploración y explotación de hidrocarburos sin autorización argentina.
La respuesta del Reino Unido
Londres respondió rápidamente a los anuncios de Milei.
El ministro de Defensa británico, Wes Streeting, afirmó que las palabras del Presidente argentino respondían más a la política interna argentina que a una amenaza concreta sobre las islas y reiteró la posición oficial británica: “Las Malvinas son británicas porque los isleños allí eligieron ser británicos”.
El Gobierno del Reino Unido sostuvo además que su compromiso con el archipiélago es “absoluto e inamovible”.
La tensión también se trasladó al terreno económico. La Cancillería argentina rechazó una guía publicada por el Gobierno británico para promover actividades comerciales e hidrocarburíferas en las islas y cuestionó que Londres sostuviera que la legislación argentina no tiene aplicación sobre el archipiélago.
Más sanciones y una ofensiva judicial
La Argentina profundizó después la estrategia. El 10 de septiembre, el Gobierno creó mediante el Decreto 983/2026 el Sistema de Articulación de la Política Exterior, dentro de la Cancillería, para coordinar las acciones de distintos organismos estatales que puedan tener impacto en la política exterior y, específicamente, en el reclamo por Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.
En paralelo, el Ejecutivo avanzó con procesos sancionatorios contra empresas y personas vinculadas con actividades en las islas.
El Gobierno también envió al Congreso un proyecto para endurecer las sanciones contra quienes participen en la explotación de recursos naturales en las Malvinas. La iniciativa amplía el alcance de las penalidades previstas por la legislación vigente.
El conflicto llegó además a la Justicia. La jueza federal de Río Grande, Mariel Borruto, dictó una medida cautelar que ordenó a las empresas vinculadas al proyecto Sea Lion abstenerse de iniciar o continuar las obras necesarias para poner en marcha la explotación petrolera. La aplicación efectiva de la medida enfrenta, de todos modos, las dificultades derivadas de que las compañías operan bajo las autoridades de las islas.
El nuevo mensaje de Trump y la cuestión militar
El 12 de septiembre, Trump volvió a referirse públicamente al conflicto durante una conferencia de prensa en Dublín, después de reunirse con el primer ministro irlandés Micheál Martin.
El presidente estadounidense calificó a las Malvinas como “muy interesantes”, describió a Argentina y al Reino Unido como “dos países que están enfadados” y sostuvo que un eventual conflicto sería “un desastre potencial”.
También dijo que podría intentar resolver la disputa si ambos países le pidieran intervenir y cuestionó la capacidad británica para responder ante un eventual enfrentamiento, en referencia a los problemas internos que enfrenta el Reino Unido.
Sus declaraciones volvieron a colocar a Washington en el centro de la discusión, aunque no implicaron formalmente un abandono de la tradicional posición estadounidense de neutralidad.
Mientras tanto, Londres confirmó la futura renovación de los cazas Typhoon desplegados en las islas. El Gobierno británico sostuvo que se trataba de una rotación planificada con anterioridad y no de una respuesta directa a la escalada diplomática.
En las islas, la reacción de los habitantes fue descripta por medios internacionales más como cansancio frente a las disputas políticas que como alarma ante un posible conflicto.
La mirada puesta en la ONU
Con la Asamblea General de Naciones Unidas como próximo escenario, el Gobierno argentino busca llevar nuevamente el reclamo de soberanía al ámbito internacional.
La administración de Milei trabaja además para concretar un encuentro con Trump durante su estadía en Nueva York, previsto para los próximos días. El objetivo argentino es plantear la cuestión Malvinas y buscar que Estados Unidos pueda asumir algún tipo de rol en una eventual negociación.
El principal límite para esa estrategia es que cualquier mediación necesitaría, en la práctica, la aceptación de ambas partes.
Milei tiene previsto abordar el reclamo argentino durante su discurso ante la Asamblea General. La Cancillería sostiene que la recuperación de la soberanía debe realizarse mediante el diálogo diplomático, aunque el Gobierno afirma que utilizará también herramientas legales, jurídicas, económicas y de defensa para proteger los intereses argentinos.
Así, la disputa llega a la ONU después de una cadena de acontecimientos que comenzó con una filtración sobre la política estadounidense, continuó con las declaraciones de Trump y derivó en sanciones, proyectos legislativos, medidas judiciales y nuevas señales militares. El petróleo de Sea Lion quedó en el centro de una controversia que volvió a adquirir una dimensión internacional.
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