De un kiosco en los hoteles de Embalse a una empresa que llevó a más de 100.000 chicos de viaje
Esa experiencia temprana, sumada a su inclinación comercial, terminó siendo el punto de partida de una trayectoria que décadas después desembocaría en Turismo Recrear, la agencia especializada en turismo estudiantil que hoy dirige junto a sus socios.
A mediados de los años ochenta, en las sierras de Córdoba, Alejandro Vives todavía era un adolescente cuando empezó a tener contacto directo con el mundo del turismo estudiantil. Tenía apenas 15 años cuando su padre le confió la administración de uno de los negocios dentro de la Unidad Turística de Embalse, el histórico complejo estatal levantado frente al lago y las montañas del valle de Calamuchita. Desde allí veía llegar, cada cuatro días, contingentes de estudiantes que participaban de programas recreativos y educativos organizados por profesores de distintas provincias.
Ese primer contacto no lo impactó solo por la dinámica de los viajes o por el movimiento comercial que generaban los contingentes, sino por el vínculo humano que se producía entre los chicos. Vives recuerda especialmente las escenas del final de cada estadía, cuando estudiantes que habían llegado con más recursos compartían o regalaban pertenencias a otros compañeros. Esa experiencia temprana, sumada a su inclinación comercial, terminó siendo el punto de partida de una trayectoria que décadas después desembocaría en Turismo Recrear, la agencia especializada en turismo estudiantil que hoy dirige junto a sus socios y que, tras 25 años de actividad, ya trasladó a más de 100.000 pasajeros.
El perfil emprendedor apareció muy temprano. Con 17 o 18 años, Vives ya detectaba oportunidades en el flujo constante de turistas y visitantes que pasaban por Embalse. Una empresa de transporte que llevaba trabajadores a la cercana central nuclear dejaba sus micros ociosos durante buena parte del día, y él comenzó a comercializarlos para excursiones hacia destinos cercanos como La Cumbrecita o Villa Carlos Paz. “Siempre tuve una mirada muy comercial. Desde chico trataba de vender algo: una excursión, un pasaje, una foto, lo que el turista necesitara”, recuerda.
Más adelante, esa experiencia inicial se amplió con una etapa profesional en el exterior. A comienzos de los años noventa vivió durante tres años en Cancún, México, donde trabajó en el sector turístico. Luego regresó a la Argentina, se instaló en Buenos Aires y ocupó cargos gerenciales en distintas agencias de turismo. Ese recorrido fue la antesala del salto empresario. A comienzos de los años 2000, junto con Alejandro Gordon y Alexi Bongiovanni, decidió comprar una pequeña agencia fundada por un contador y su esposa, que llevaba apenas dos años en funcionamiento. Así nació la etapa de Turismo Recrear bajo la conducción de sus actuales socios. “Los tres habíamos sido gerentes en otras compañías y teníamos claro que queríamos tener nuestra propia empresa”, explica Vives.

El comienzo no fue sencillo. El proyecto tomó forma en plena crisis de 2001, uno de los momentos más complejos de la economía argentina. Pero, según Vives, ese contexto también funcionó como una escuela acelerada de supervivencia empresaria. Desde el inicio, la empresa buscó diferenciarse con un enfoque más profesionalizado dentro del turismo estudiantil. La meta no era solo vender viajes, sino ofrecer una propuesta que integrara logística, recreación, cuidado y acompañamiento permanente para los estudiantes y sus familias.
En esa construcción, la seguridad pasó a ocupar un lugar central. Uno de los principales diferenciales del modelo de Recrear fue incorporar cobertura médica permanente durante todo el viaje. La empresa fue la primera del segmento en sumar la presencia estable de un médico a bordo del transporte que traslada a los contingentes. A eso se agrega asistencia sanitaria las 24 horas durante todo el programa, con prestaciones que incluyen atención médica, odontología, provisión de medicamentos, estudios básicos y, en caso de ser necesario, traslado aéreo de emergencia.

La operatoria también contempla sistemas de fichas médicas previas y protocolos de primeros auxilios para el personal, pensados para dar una respuesta rápida frente a cualquier eventualidad. Si bien casi el 70% de los pasajeros anuales viajan en avión y por Aerolíneas Argentinas, en paralelo, los grupos que viajan en ómnibus lo hacen en unidades de última generación equipados con sistemas de comunicación, climatización y controles de seguridad habilitados por la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT). La empresa organiza además paradas estratégicas durante los trayectos y un cronograma de excursiones y actividades recreativas que combina naturaleza, entretenimiento y convivencia grupal.
Para Vives, el diferencial del negocio está justamente en entender que no se trabaja con pasajeros en abstracto, sino con chicos y con la confianza de sus familias.
La estrategia de crecimiento de Recrear también combinó decisiones comerciales, inversión y control operativo. En una de sus primeras campañas, la compañía apostó por una acción que en ese momento resultó disruptiva: regalar reproductores de música MP3 a cada estudiante que contratara el viaje. Era una época en la que ese formato recién empezaba a popularizarse y la iniciativa funcionó como una herramienta de posicionamiento. “Muchos chicos no sabían todavía qué era Recrear, pero sí sabían que era la empresa que regalaba el MP3”, recuerda Vives.
Ese crecimiento también se sostuvo en una estrategia de integración. Una de las decisiones más relevantes en esa dirección fue la de desarrollar un hotel en Villa Carlos Paz (La Colina del Sol). La apuesta reforzó la presencia de la empresa en uno de los destinos más emblemáticos del turismo estudiantil argentino y le permitió sumar infraestructura propia dentro de su cadena de valor.

A esa inversión en hotelería se sumó además el desarrollo de un servicio propio de transporte receptivo, con el objetivo de controlar mejor la experiencia de los grupos durante excursiones y traslados internos.
En paralelo, también avanzó en una nueva unidad de negocio orientada a viajes internacionales corporativos e individuales, a partir de la incorporación de profesionales del sector que habían quedado sin estructura operativa tras el cierre de otras agencias durante ese período. Así, la compañía abrió una nueva etapa sin abandonar su núcleo histórico en el turismo estudiantil.
De cara a la próxima temporada, Recrear prepara nuevas iniciativas para ampliar los servicios que ofrece a los estudiantes. Desde sumar un equipo de profesionales para comercializar el Disney 15 años, nuevas sucursales en Córdoba capital y Carlos Paz que se suman a las de Puerto Madero y La Plata, hasta un esquema que permitirá canalizar el cobro de las cuotas de los viajes a través de una entidad financiera y ofrecer beneficios para quienes sean clientes o abran una cuenta. También se proyecta un programa de orientación vocacional apoyado en herramientas de neurociencia, con tests y consultas con profesionales para ayudar a los jóvenes a identificar áreas de interés académico y posibles carreras. La propuesta está pensada como un beneficio adicional para quienes contraten su viaje de egresados para la temporada siguiente.
Más allá de esa evolución del negocio, Vives sostiene que el turismo estudiantil conserva un valor formativo que va mucho más allá del entretenimiento. En su mirada, los viajes permiten desarrollar habilidades sociales, fortalecer vínculos y generar aprendizajes que trascienden el aula. Esa dimensión humana conecta el presente de Recrear con aquellas escenas que él mismo observaba de adolescente en los hoteles de Embalse, cuando descubrió que la convivencia podía igualar realidades distintas y dejar huellas duraderas.
Después de 25 años de actividad y más de 100.000 pasajeros transportados la historia de la empresa muestra un recorrido que nació del conocimiento del terreno, se fortaleció en contextos adversos y construyó un crecimiento combinando estrategia comercial, integración operativa y una fuerte apuesta por la seguridad.
Y también confirma algo que Vives percibió desde muy joven: que un viaje puede ser mucho más que un traslado. Puede ser una experiencia transformadora.
Como menciona uno de sus directores, Fernando Cocolato: "Este viaje es único, porque se lleva en el corazón y dura para toda la vida".
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