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De "estamos ganando" a "estamos pagando"

Paul Singer le está descosiendo el modelito a la señora. Hablamos de Cristina Kirchner.

Extraído de La Nación

Por Diego Sehinkman

Sesenta y cinco años después de que Evita repartiera máquinas de coser marca Singer, un tocayo, Paul Singer, se convirtió en el artefacto inverso: la máquina de descoser. Singer le está descosiendo el modelito a la señora. ¿No es impactante cómo un mismo apellido puede evocar tanto el zurcido de un proyecto nacional durante un período como el deshilachamiento en otro? Hablamos del apellido Kirchner.

Frente al inevitable desflecado, el Gobierno apela a un verbo que ama: malvinizar. Malvinas nos dejó una enseñanza. Si las recuperamos, les extraemos petróleo. Y si no las recuperamos, les extraemos otro combustible vital para todo gobierno con problemas: nacionalismo. Malvinas es un inagotable yacimiento para extraer nacionalismo offshore. Los buitres también. En el Congreso, para presionar la aprobación de la ley para pagarles a los bonistas en la Argentina, Axel Kicillof apeló a una frase psicopática, versión moderna de "el que no salta es un inglés". Dijo: "Si el Parlamento no hace nada, se convierte en la escribanía de Griesa".

Hoy los argentinos hemos sido llamados a decidir el futuro de la Patria: ¿qué preferimos ser? ¿La escribanía de Griesa o la de Cristina?

(¿Nicho o tierra?)

En efecto, ambas escribanías escrituran lo mismo: la parcela.

El nacionalismo argentino es como la histeria: deseo de deseo. Así como lo que desea la histérica no es a un hombre, sino el deseo de ese hombre hacia ella, y huye cuando el hombre se acerca de verdad, el discurso nacionalista argentino "seduce" a aquello de lo que, en el fondo, no querría hacerse cargo. ¿Qué pasaría si David Cameron se levantara un día y nos llamase para devolvernos las Malvinas con algunas condiciones?

"Estimada Cristina, desde ahora son argentinas, pero eso sí: ustedes se hacen cargo del «personal isleño» que está un poquito sindicalizado: son 3000 trabajadores del Movimiento Thatcherista, que insisten en que «Thatcher cumple, Reagan dignifica», que te van a exigir el piso salarial que les garantizábamos nosotros en Gran Bretaña (120.000 dólares por año), y te van a plantear que no pueden esquilar porque les da tendinitis. ¿Seguro que las quieren?"

El Gobierno exhibe un discurso nacionalista, al igual que cierta oposición exhibe un deseo presidencial que sabe imposible, ambos desde una cálida zona de confort resumida en una frase: "Total, nunca ocurrirá".

Desde el Consejo de las Américas, Axel Kicillof ya avisó que "la economía mundial no arranca, y las exportaciones de la Argentina y de todo el mundo se ven afectadas. Cuando la demanda externa no ayuda, no hay política activa que se pueda aplicar". Sincero Kichi. De la reestructuración de deuda, pasó a hablarnos de la reestructuración de expectativas.

Por último, mientras el ex kirchnerista Hugo Moyano encabezaba un paro en reclamo contra el ¿ex? gobierno progresista (verlos pasar de derecha a izquierda y de izquierda a derecha ya nos da tortícolis), y mientras Carlos Tomada advertía que "no es prioridad" modificar el impuesto a las ganancias ni reabrir paritarias (inaugurando estas declaraciones la temporada primavera-verano de paros, cadenazos y miguelitos), un nuevo complot cósmico se posó sobre la Argentina: la caída del precio de la soja. Esta vez el culpable no fue Magnetto, sino San Pedro, el dueño del verdadero Weather Channel. En clara actitud destituyente, el zar del multimedio climático le procuró a Estados Unidos el mejor mix de sol y lluvias; esto le brindó la más grande cosecha de soja en años.

Ahora sí, sonamos: el cerdito chino tiene "otra".