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Cuando la mentira tropieza con la verdad...

Cuando empieza una mentira y se aloja dentro de nosotros. Floreciendo en el camino de lo falso, atrapados en él, sin retorno a la propia independencia. ¿Por qué necesitamos, para "presentarnos", sostenernos en una mentira?

Por Luciana Arnedo

luciana.arnedo@gmail.com

@LuArnedo

Cuántas veces mentimos a cambio de un beneficio personal... Mentiras que aprendemos desde muy pequeños, teniendo a los primeros "mentores de la mentira": nuestros padres -cuando por ejemplo nos obligaban a mentir negando su presencia cuando alguien los llamaba-.

De chicos, por ejemplo, cuando no hacíamos la tarea aduciendo que estuvimos enfermos, o el clásico grito de "yo no fui", o ¡qué lindo! como respuesta a un regalo que nos hicieron y nos pareció espeluznante.

Cuando cancelamos una cita con la excusa de que se murió la abuelita. Cuando se guardan secretos familiares, se los disimula o se niegan porque nos dan un profundo dolor o mucha vergüenza. La mentira en los centros de trabajo -mentiras entre empleados y jefes-, la doble moral de la sociedad, el vendedor de ilusiones, los Don Juanes, los que mienten sobre su edad, las personas que presumen sus lecturas, inventan viajes o amores...

Las mentiras en la pareja, las falsas relaciones -recordemos el reciente exabrupto del Presidente Mujica-, y ya que los nombramos a ellos: "los políticos y sus insolubles discursos". Vendiéndonos suficientes ilusiones como para que los votemos, para luego advertir sus dobles discursos, sus metamensajes: "haz lo que yo digo pero no lo que yo hago".

Las mujeres que niegan las cirugías estéticas que se hacen -cuando sus cuerpos evidencian las mismas-, las mujeres que esconden a sus maridos las compras que realizan, los hombres que mienten en relación a lo que tienen, etc., etc.

Mentiras piadosas, provechosas, embusteras, maliciosas, o las del autoengaño. ¡Mentiras!

Hay personas que creen su propia mentira, como si por fuera de la misma no hubiese algo conveniente, prometedor; "algo que valga la pena".

Así nos constituimos "de prestado", erigiendo una personalidad simulada, personificando una mentira. Toda la energía que enfocamos en la misma nos lleva a una tenebrosa máscara que vestimos en lugar de la verdad. Los efectos de fantasía se convierten en "fáciles coartadas" para eludir la realidad.

De ahí una perspectiva que expone una identidad falsa, actuando ser otro, en un torbellino de confusa subjetividad. "Enmascarados", desamparados, cautivos en la mentira: destinados a ejercerla.

La inconsistencia de la mentira. Es jugar a las escondidas con el riesgo de ser descubiertos. Si mentimos "no somos eso", no hay una realidad propia. Si la mentira se traduce en la acción quedamos atrapados en un conjunto de identificaciones falsas.

Retratados en las mentiras, ¿de qué nos defendemos a través de las mismas?

Fuera de la mentira no podemos dominarnos... Disociados por una ambigüedad, entre los efectos ilusorios y la verdad.

Vivir en la verdad o vivir en la mentira. Vivir en la verdad, lo que se ejercita  "es lo que es"; vivir de acuerdo a las propias convicciones, sin ficciones, sin máscaras, sin fingimientos externos. Vivir en la verdad es poder discrepar sin ser atacado, es poder expresarnos sin ser condenados. Es tener un lugar de convivencia y de participación libre. Vivir en la mentira, es decir de lo que es "lo que no es"; es vivir en un argumento de doble moral, de falsedad, de sufrimiento, de desconfianza...

¿Cuántos a la hora de mentir sentimos culpa, remordimiento y/o incomodidad?

Aquellas pequeñas trampas que aprendemos a hacer con un propósito: salir bien parados. ¿Podemos ser verdaderamente nosotros mismos frente a los demás?

Aunque matemos con la verdad una ilusión siempre es liberador vivir una vida sincera. La mentira va dirigida a proyectar una vida de realidad inexistente, de doble discurso, de vacío y de imposibilitadas acciones. Quien se miente a sí mismo resulta más engañado que engañador.

La verdad habla. Aunque nos esforcemos en acallarla tarde o temprano sale a la luz. Si nos paráramos en su firmeza, viviendo en ella, construyendo un cimiento en el que deseemos vivir, sin angustias, sin disfraces, sin miedos...