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Córdoba en terapia

La ciudad de Córdoba está, efectivamente, como un enfermo en terapia intensiva, y por ello la ciudadanía espera que el nuevo Gobierno municipal sepa conjugar el diálogo con el principio de autoridad.

Que el intendente electo haya dicho que la ciudad de Córdoba está como "un enfermo en terapia intensiva" es grave. Pero lo es más que esa afirmación se corresponda con la verdad, que no se trate de un exceso discursivo sino de una metáfora de la realidad.

Las elecciones municipales ya pasaron y hay un nuevo intendente y un nuevo Concejo Deliberante, que asumirán el 10 de diciembre próximo y que deberán administrar una ciudad envuelta en conflictos y problemas irresueltos. Y que, además, carga con la pesada herencia de dos administraciones signadas por la ineficiencia, las luchas intestinas y las deserciones.

Cabe recordar que Daniel Giacomino fue viceintendente de Luis Juez y que éste lo designó como candidato a sucederlo en el gobierno municipal. Córdoba es un municipio que soporta desde hace mucho tiempo una constante presión gremial, hasta el punto de que el vitalicio secretario del Sindicato de Obreros y Empleados Municipales (Suoem) dijo que ellos están en condiciones de paralizar la ciudad, aunque lo harán sin violencia, como si la no violencia no fuera un deber constitucional o como si paralizar una ciudad no fuera un delito castigado por el Código Penal.

Sobre este último punto es preciso ser muy claros: el gobierno de la Municipalidad está a cargo de las autoridades elegidas por el pueblo –el intendente y el Concejo Deliberante– y no por un sindicato que pretende condicionar todo, desde las escalas salariales hasta los nombramientos de personal y las propias políticas municipales, lo que resulta ilegal e inaceptable.

Un sindicato no puede pretender colonizar una administración municipal de una ciudad de un millón y medio de habitantes y que tiene muchísimas y muy graves cuestiones que resolver. El intendente electo Ramón Mestre, durante su reciente visita a Bogotá, dijo a este diario que él no quiere confrontar con nadie sino encontrar soluciones a través del diálogo.

Dijo también: "Será muy importante reunirnos con las dos CGT que existen en Córdoba y que, en conjunto, podamos encontrar puntos de equilibrio, respetando los derechos de los trabajadores, pero sin entorpecer la prestación de los servicios esenciales". Y agregó: "A partir del 10 de diciembre, ejerceré el rol de intendente de Córdoba y mi objetivo es que la ciudad funcione adecuadamente, que se presten los servicios esenciales para los vecinos, que no se entorpezca nada; esto no es confrontar sino dialogar y ponerse de acuerdo sobre la situación de Córdoba".

Se trata de conjugar el principio del diálogo con el de autoridad, ambos de rango constitucional. No se puede gobernar y administrar eficientemente una ciudad de un millón y medio de habitantes sin ejercer con mano firme ambos principios: diálogo y autoridad. El pueblo de Córdoba espera que el nuevo gobierno municipal cumpla con esta palabra empeñada y este compromiso.