Christian Petersen habló del episodio que sufrió al descompensarse en el Volcán Lanín: “Quizás me puse muy al límite”
A casi dos meses del hecho, el cocinero dio detalles y habló de la internación.
El cocinero Christian Petersen rompió el silencio en una charla íntima donde detalló su experiencia en la internación que padeció tras descompensarse durante una excursión en el Volcán Lanín, en la ciudad neuquina de San Martín de los Andes.
En una charla íntima con La Nación, el cocinero contó que la idea de escalar el Lanín había surgido después de un viaje previo a San Martín de los Andes, donde Petersen colaboró con una fundación liderada por su tío Tommy Petersen, ídolo de su infancia y figura en Los Pumas. La excursión, lejos de ser una travesía planificada para el silencio y el encuentro con uno mismo, lo sorprendió por la cantidad de gente y el bullicio, algo que no esperaba tras un año especialmente duro: la muerte de un socio, amenazas sindicales, mucho estrés y el peso de acompañar a su familia y su empresa en la adversidad. “Fui a probarme con el Lanín. Yo no lo conocía”, aseguró, y enumeró su experiencia en la subida a los refugios de Bariloche y su entrenamiento físico diario.
Durante el ascenso, Petersen sintió que necesitaba bajarse. El guía lo convenció de seguir hasta la base, pero allí la ansiedad y la falta de aire se transformaron en un ataque de pánico y una sensación de claustrofobia. “Me agarró entonces un ‘me quiero bajar ya’. Por suerte en el grupo me comprendieron. Había una azafata de Aerolíneas, Julieta, que me calmó. Quizás me puse demasiado al límite, quizás no me escuché”, reflexionó el reconocido chef, que aprendió de la experiencia límite y hoy recomienda hacerse chequeos más exhaustivos antes de intentar un desafío de ese tipo.
Al llegar abajo, la prefectura notó su estado alterado y lo trasladó al hospital. Allí comenzó una odisea médica con una batería de posibles síntomas en su cuerpo: intoxicación previa en Brasil, posible dengue o zika, un virus en el corazón, neumonía sin terminar de curar, estrés y la exigencia física de la montaña. Todo esto desencadenó una arritmia severa y el fallo multiorgánico. Petersen recuerda que lo pusieron en respirador y que, durante casi 30 días, estuvo prácticamente sin registrar nada. Cuando despertó en el Hospital Alemán, ya en Buenos Aires, se encontró rodeado de su familia y amigos, quienes le transmitieron el amor y la energía que necesitaba en ese delicado momento. “Me agarraron muchas ganas de vivir. Me desperté sintiendo mucho amor. Mi familia entraba mucho a la terapia a darme energías”, recordó al respecto.
En su relato, el cocinero agradeció especialmente al médico Víctor Perrone, a los equipos médicos de San Martín y del Alemán, y al apoyo de colegas, amigos y empresarios que estuvieron presentes. “Tengo todavía mil mensajes sin contestar. Médicos que se ofrecieron, empresas que me hacían pronto pago porque sabían que estaba internado. Nosotros tratamos de que siempre hable nuestro trabajo. Tenemos más de 56 años de trayectoria que empezó con mi madre. Yo ya llevo cuarenta”, contó. También remarcó la importancia de dejarse ayudar: “Mi llamado de atención es escuchar más a mi familia y cuidarme más. Tengo un chiste en mi casa, que tengo muy buenos consejos para los demás y no para mí. Lo que más aprendí es que tengo que ser más amigo mío, descansar, ir más despacio”.
Según el propio Petersen, la recuperación ha sido lenta y desafiante. Salí con mucha dificultad para caminar, con muchos temblores en la mano. Te diría que al 5% de lo que soy físicamente. Voy mejorando casi un 10% por semana. Ayer quise agarrar la bici y no la pude levantar, y yo hacía todos los días 60, 70 kilómetros. Hoy estoy al 20%, aprendiendo a reeducar mis neuronas, mis nervios, mis músculos. Perdí casi 18 kilos“, reconoció a poco tiempo de recibir el alta médica. Y continuó: ”Por suerte, tengo un gimnasio en casa y mis hijos entrenan conmigo. Trabajo menos, más tranquilo, y me tomo los fines de semana para descansar. Creo que estoy mejor que antes. Pero no tengo más rueda de auxilio”.
En su relato, Petersen sintió que había tenido suficiente con su experiencia en el gran volcán cordillerano y negó la posibilidad de volver a intentar el ascenso. Las barrancas de San Isidro son las únicas montañas que voy a subir. ‘Volvemos el año que viene’, me dijo el guía. No vuelvo ni loco. Dejame al lado del río, de la barranca. Confirmé que soy un camalote, sanisidrense a morir”, destacó.
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