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Caja, pactos y Churchill

Por Juan Manuel Asis* La caja mató a la política. Tal vez haya que ser menos contundente y más específico: los recursos están por encima de la actividad política. O al revés, para hacer política hay que tener dinero.

Ahora bien, hacer política no significa hoy lo mismo que en el siglo XX. Por ejemplo, entonces, la palabra militancia tenía otro sentido; en la militancia de otrora había pasión por el concepto, hoy es una idea interesada. Actualmente, para los que están en el poder hacerpolítica es sinónimo de gestión, y gestionar es lo mismo que contar con dinero para evitar descontentos.

¿Qué tipo de descontentos? Básicamente dos: los que generan los atrasos salariales y los que provocan recambios institucionales a través del voto. O sea: pagar sueldos en tiempo y forma y hacer obras. No es poco, tampoco mucho. Es pragmatismo puro disfrazado de gestión entendida como acción política. Como se dice: alguien le encontró el agujero al mate.

Aplausos.

¿Habilidad política? De última sí, vista como el arte de aprender a sobrevivir en el poder, y ejerciéndolo a través de las debilidades por los recursos salvadores para sueldos y para obras.

En Tucumán eso tiene nombre y apellido: Pacto Social (hace años, en su origen, fue llamado Pacto para la Paz Social). Una genialidad para evitar las protestas de los municipales (no sólo en las ciudades -ventaja para los intendentes- sino también en la plaza Independencia -beneficio para el Ejecutivo-) que generan imágenes de desgobierno y para mostrar que se puede hacer obra pública; algo que las gestiones anteriores no podían exponer demasiado. O sea, dos tipos de descontento pasaron al olvido, así como se perdieron en la memoria los gremios municipales del interior (por su inacción al perder el motivo de sus apariciones y exigencias públicas). En los ochenta y los noventa, la Federación y el Frente de sindicales municipales se peleaban por ese espacio de poder. Hoy, gracias al Pacto Social, ese sindicalismo pasó a un segundo plano, como si la labor gremial sólo se redujera a exigir por el pago en término de los salarios. ¿Los recursos mataron la actividad sindical? Es tema para analizar con más detenimiento.

Lo cierto es que a los jefes municipales les vino como anillo al dedo el Pacto Social, por el que la provincia se hace cargo del pago de los sueldos y del plan de obra pública en esos territorios políticos. ¿Para qué están entonces los intendentes? En los hechos actúan como meros delegados del Poder Ejecutivo o como subalternos del gobernador, José Alperovich. Para que se entienda bien, en democracia todo representante del pueblo -diputado, senador, legislador, jefe municipal o intendente- es necesario, el sistema funciona con ellos y la sociedad los necesita. Pero todo sistema tiene debilidades, aunque la democracia sea el menos malo de los sistemas políticos, como decía Winston Churchill. Y por estos lares; alguien tuvo la habilidad de encontrar un agujerito al mate: la debilidad por los recursos salvadores de gestiones y cuasi garantía de continuidades en el cargo.

Así como antes de la Constitución de 1990 los 93 comisionados rurales eran elegidos por el titular del PE, hoy, sin necesidad de contar con una letra constitucional que lo ampare, los 19 intendentes fueron elegidos por el gobernador. Hoy, en Tucumán, por lo menos en las huestes oficialistas, nadie se anima a sacar demasiado la cabeza porque jefe hay uno solo. Si bien los acoples provocaron disputas internas, todavía está lejos la aparición de un posible sucesor de Alperovich encumbrado por sus propios méritos. La caja pesa aún, y mucho. Finalmente, para cerrar, otra frase del inglés viene de perillas: "el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones".