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Ante un nuevo cambio en educación

A partir del año próximo volverá el primario y secundario a los colegios, una modalidad que había sido dejada de lado en los ‘90. Es hora de que la dirigencia política, abandonando las banderías partidarias, se ponga a trabajar en una política educativa que priorice la excelencia y la calidad.

En principio las modificaciones comenzarán a aplicarse en los colegios nacionales -como los de la UN Cuyo- pero después alcanzarán también a las escuelas dependientes de la provincia. La Ley Federal de Educación, sancionada en 2006 pero que se implementará a partir del próximo período lectivo, establece el retorno a la antigua "escuela secundaria" de cinco años, con una primaria de siete, dejando de lado el Polimodal.
 
En Mendoza, el subsecretario de Educación señaló que el proyecto de ley provincial deberá ser sancionado antes de 2012, aclarando que "si esto no sucede, igualmente se aplicará la resolución nacional".

Sin poner en tela de juicio los objetivos de la nueva modalidad educativa, sorprende que aquel "viejo sistema" de primario y secundario  (modificado en 1997 en razón de que el sistema educativo se encontraba en lo que se denominaba una "crisis terminal") ahora, luego de más de una década, retorna porque en ese tiempo la educación no sólo no mejoró sino que empeoró.

Tanto la vuelta al secundario tradicional como el retorno a las notas numéricas no son malas ideas porque las que las remplazaron fueron peores pero no expresan el fondo de la cuestión, que es una calidad educativa muy superior a la actual, para todos los alumnos del sistema.
 
En ese sentido, sigue preocupando el hecho de que, en oportunidad del anuncio del retorno al secundario, se indique que se buscará adaptar la currícula a los requerimientos actuales y a la mayor inserción y permanencia en el sistema educativo, pero no se priorizan -al menos en los anuncios- los contenidos de la educación, la revalorización del docente, el respeto a la autoridad educativa y  la necesidad de establecer una educación acorde con el proyecto de país que nos debemos los argentinos.

Acerca de la calidad educativa, tiempo atrás un ex ministro de Educación, integrante del Consejo Nacional de Calidad Educativa y de la Academia Nacional, señaló que en ese rubro la Argentina se encuentra un 25% por debajo de las naciones avanzadas y que evaluaciones internacionales demuestran que es el país que más empeoró sus niveles de calidad respecto de 2000. Destacó que, según las mediciones de la Unesco, pasó de ocupar el segundo lugar en la región en el período 96-97 a estar entre el cuarto y noveno lugar en la última medición.

Respecto del proyecto de país, a lo largo de historia de los últimos 60 años, sólo dos gobiernos impulsaron contenidos educativos con objetivos claros. El primero, cuando se potenciaron las escuelas agrarias porque el mundo necesitaba alimentos, luego de la II Guerra Mundial.

El segundo, cuando se impulsaron las escuelas de base industrial (ENET) porque la Argentina necesitaba desarrollarse. Después de ello poco y nada se hizo o, peor aún, se minimizaron las escuelas de base agraria e industrial. En ese marco es válida la afirmación de la actual Presidenta, cuando indicó que aumentaba el presupuesto educativo porque el país no podrá tener un crecimiento económico sostenido si no apuesta a formar mano de obra calificada.

Es de esperar que de una buena vez se dejen de lado las "soluciones" coyunturales en el plano de la educación y se comience a pensar en una política de Estado en la que deben participar quienes conozcan en profundidad la problemática, más allá de la condición partidaria. Es mucho lo que está en juego, nada menos que el futuro de las próximas generaciones.