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Andrés Ciro Martínez: "No me va la cosa esnob"

*Por Pablo Leites. Andrés Ciro Martínez viene a Córdoba con Ciro y Los Persas. Quiere preservar el recuerdo de Los Piojos, y defiende su baja exposición mediática.

Hace dos años, Andrés Ciro Martínez todavía estaba en la tarea de digerir lo mismo que miles de fans de Los Piojos: la banda que por 20 años supo ser norte y razón de su existencia rockera ya no era, y la incertidumbre respecto del destino de uno de los líderes más convocantes del género en su versión rioplatense era la mueca que nadie podía ocultar.

Desde entonces y hasta hoy, Ciro se sobrepuso. Como el rey persa que llevaba su nombre, juntó fuerzas y reagrupó soldados para un nuevo proyecto, compuso canciones y grabó un disco, justamente como Ciro y Los Persas, en un lapso de tiempo en verdad bastante corto.

Había razones. "Quería salir a tocar, quería preparar un material que funcionara en vivo, y que fuera rock. Había juntado una banda que sonaba bien y busqué hacer un disco potente, rockero y salir ya. Estaba muy caliente, muy triste con el final de Los Piojos y no quería caer en esa cosa de ‘ahora qué hago’, y todo se fue dando rápido", recuerda hoy, a días de volver a Córdoba con su proyecto afianzado.

Córdoba, y no otro, fue el lugar donde hubo un primer show de prueba cuando aún no había disco, y donde más tarde se hizo el primer concierto de presentación de Espejos, ese primer álbum nacido de las cenizas de Los Piojos. "Desde aquel que fue un tester y el Orfeo que hicimos después con la presentación para acá, ha cambiado mucho el espectáculo que damos, y hoy estamos mucho más aceitados como banda, más fluidos entre nosotros. Crecimos", anuncia Ciro.

Un show, el del domo cordobés en agosto del año pasado, que hoy evalúa como con la maquinaria al 70 por ciento, por nervios del debut, falta de rodaje de los músicos entre sí y una rodilla que lo tuvo a maltraer durante toda la presentación. Había que llegar mucho más arriba en cuanto a lo que el ex Piojos pretendía. Y se llegó, a fuerza de una gira que lo conectó con su público de todo el país. "Claro que había intriga por saber si conocerían los temas, si en una de esas irían a escuchar a Los Piojos, y la verdad es que nos vimos sorprendidos por gente que coreaba los temas de Espejos con un fervor emocionante en todos lados".

–¿Cómo te llevás con las canciones de Los Piojos? A Cerati le supo pasar después de Soda, a Spinetta después de Almendra, de no querer visitar etapas anteriores.

–Son canciones que ya le pertenecen a la gente, y que además a mí me gusta hacer en vivo. En casi todos los casos las compuse yo, y cuando no las compuse yo les hice la letra, las siento propias. De hecho, armo la lista y hay un tercio, o sea ocho o nueve temas sobre 24 ó 25, que son de Los Piojos. No me va de todas maneras el fundamentalismo nostálgico. Es respetable lo de Cerati y Spinetta, pero no es mi caso.

–A diferencia de otros músicos del rock local, no sos muy amigo de aparecer en medios por otra cosa que no sea música. Sos poco mediático.

–A mí no me va la cosa esnob, ni la onda Pomelo, mucho menos eso de creerse distinto y ser afectado para hablar y cantar. No me gustan las afectaciones y quise que Los Piojos tuvieran una onda lo más natural y relajada posible. Además, trato de no tener un perfil que exceda lo que me compete, porque si no uno termina hablando boludeces y esclavo de lo que dice y de la necesidad de figurar, de estar en los medios.

–Salvo cuando hay que hacerlo...

–Me sirvo de los medios, en todo caso, para hacer llegar lo que hago y nada más. Intento no estar al pedo ahí. Si voy a hacer un show, o saco un disco y me viene bien para difundir, o para visitar un amigo en un programa, lo hago. Pero no me gusta lo que se genera a partir de eso y terminar opinando de cualquier boludez. Eso me ha traído problemas con algunos medios, sobre todo gráficos, porque se sienten ofendidos. En algunos casos son los medios que creen que les debés tu carrera, algún suplemento muy famoso. Me pasó de no querer opinar sobre alguna estupidez y al siguiente número encontrar que me dan con un caño.

–Hablando de opinar, ¿cómo ves el momento actual de la cultura, con buena parte de la colonia artística apoyando abiertamente una gestión de gobierno?

–No estoy tan al tanto como para saber si es así, porque siempre me moví de una manera independiente y no participo de iniciativas del gobierno. Me parece, sí, que hay mucho por hacer. Generar espacios para las bandas que empiezan, propiciar leyes que fomenten la música en vivo, lugares para que los músicos jóvenes toquen, sean salas chicas o grandes. Con el bienestar económico ha crecido la demanda de espectáculos, y se necesitan espacios. Siempre hubo falencias en ese sentido. Cuando yo hacía teatro recuerdo que estrenamos la sala del Centro Cultural Ricardo Rojas, que es de la UBA, y no tenía ni camarines.

–¿No tuviste propuestas de cine o tele para volver a la actuación?

–Hubo alguna propuesta de conducir programas. Una vez para hacer unas entrevistas en cárceles o algo así, y otra para hacer algo como lo que hace el Chango Spasiuk, recorriendo el país para entrevistar músicos. También Rodrigo Espina, director del clip de Bicho de ciudad, el mismo que hizo la peli de Luca, me ofreció actuar en una película. Pero no me gustó el guión, no me cerró para mí el papel que había. Eso fue todo, y por ahora no se dio nada.

–Hubo, tras la disolución de Los Piojos, la idea de que el malo de esa película habías sido vos, que ejercías un liderazgo no del todo correcto en la banda. ¿Cómo tomaste eso?

–Me produjo tristeza, bronca, y me pareció una actitud muy baja. Pero si leés bien las notas, cada uno de esos argumentos se contesta solo, yo no quise entrar en un juego que solamente iba a favorecer a los medios y a los que estaban atacando. El tiempo iba a mostrar quién era quién como músico y como persona. Hoy, el 95 por ciento de la gente que trabajaba con Los Piojos trabaja conmigo: más allá de que les doy trabajo, es porque eligen hacerlo. Hubo muchas contradicciones.

–¿Cuáles, por ejemplo?

–Había una nota donde un ex Piojos insultaba a Pocho (Rocca, histórico mánager de Los Piojos y actual de Ciro y Los Persas), a Micky (Rodríguez, bajista) y a mí, y cuando llegabas al final, la última declaración era: "Igual, por un palo verde vuelvo". Eso deja claro que se hablaba desde el resentimiento, de una situación de no saber qué hacer, y de mucha soberbia, mucho ego. Siempre trabajé y viví de ese trabajo, nunca viví de hablar mal de ex compañeros, y no voy a cambiar ahora.

–También se dijo que había siempre más temas tuyos que del resto.

–Me pareció poco inteligente. Hablar mal de tus ex compañeros de banda es tirarse mierda encima; hubo 20 años para hablar o para irse. Sí, era una queja el criterio poco democrático para elegir de quién eran los temas que entraban en cada disco, y eso es una mentira. De hecho, en Espejos hay cinco temas que eran relegados de la época de Los Piojos y no podían entrar, incluido Antes y después, el corte de difusión. Siempre en la banda uno toma y da, hay que adaptarse, lo que me parece es que hay que hacerse cargo de lo que uno hizo y dejó de hacer. Si te toca liderar, liderás, y si no, acompañás. También está el que se deja llevar.

–Y en Los Piojos estaba claro que eras el líder.

–Y sí, yo era el líder y me encargaba de proponer cosas para escenario, la lista de temas para el show, me juntaba con el que hacía la tapa del disco, daba las notas y dos millones de cosas para las que los demás se relajaban en el tiempo. Entonces, ¿si te relajaste ahora venís con que no estabas de acuerdo? La pasaste bárbaro, te compraste lo que quisiste y resulta que estaba todo mal, cuando en 20 años no te quejaste ni hiciste ningún planteo. Igual, he leído cosas que están tan lejos de la verdad que ni sentido tiene contestarlas. La gente se dio cuenta.

El recuerdo de Tavo

Entre los malos tragos que debieron pasar los integrantes de esa banda de amigos que fue alguna vez Los Piojos, el más amargo debe haber sido el enfrentamiento judicial que marcó claramente una línea divisoria. Del lado enfrentado a Ciro estaban juntos el guitarrista Daniel "Piti" Fernández, el baterista Sebastián "Roger" Cardero (que había entrado tras la partida de Daniel Buira en el año 2000) y el también violero Gustavo "Tavo" Kupinski. La muerte de Tavo, en enero pasado en un accidente automovilístico junto con su familia, fue uno de los momentos más tristes del año rockero. Por eso, y porque dos décadas de amistad y camaradería de banda no suelen arrugarse ni siquiera en tribunales, valía la pregunta.

–¿Cómo te pegó lo de Tavo, en ese contexto?

–Lamento en el alma la tragedia de Tavo. Cualquier cosa que haya pasado antes pierde sentido frente a eso. Tavo no estaba bien y me produjo muchísimo dolor lo que le pasó. Y la verdad, no estoy de acuerdo con ensuciar una historia que fue maravillosa para todos y nos hizo ser quienes somos hoy, pero sobre todo que fue maravillosa para la gente.