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A libro abierto: Cristina Wargon rememora los textos que encaminaron su vida

La escritora repasa junto a DiarioVeloz aquellos autores que fueron clave en su formación.

Siempre es apasionante y necesario saber qué libros marcaron la vida de un escritor. Cuáles fueron los textos que rumbearon el estilo literario que dedica gran parte de su vida a crear mundos imaginarios o simplemente narrar la vida cotidiana.

Eso ocurre con Cristina Wargon. Nacida en Córdoba, es columnista del programa radial de Chiche Gelblung y, entre otros, escribió "El descabellado oficio de ser mujer", "De varones, mujeres y otros percances", "Oíd mujeres el grito sagrado" y "Una Eva sin Adanes".

Enfocada en el lado femenino de la vida, estos libros la convirtieron, en algún sentido, en quien es hoy.

"La muerte tenía manos de mujer", de Jeremy York


Lo robé a los siete años de la biblioteca de los grandes. Su único mérito, me temo, era que estaba terminantemente prohibido. Para poder leerlo debía levantarme una hora antes de que sonara el despertador a la mañana y llevarme una linterna a la cama para debajo de las sábanas. No recuerdo su autor ni su argumento, pero me quedó grabado el infinito placer de una historia que valía, como todo lo que uno ama, el esfuerzo.

"Cien años de soledad", de Gabriel García Márquez


Cuando llegó a Córdoba, yo era una estudiante universitaria más pobre que todos los pobres de Dickens y mi avidez se había incrementado con los años... Miraba el libro con más deseo que una tiara de brillantes o un crucero por el Mediterráneo, hasta que tomé coraje en la librería de Rubén y sencillamente me lo robé. El placer de leerlo calmó absolutamente mi culpa. Mucho tiempo después me enteré que Rubén, viejo librero, dejaba robar a todos los pichones de intelectuales en la absoluta convicción de que terminaríamos por ser sus mejores clientes...y así era.

"¿Quiéres hacer el favor de callarte, por favor?", de Raymond Carver


Había pasado mucho tiempo y mi hijo era ya un joven intelectual cuando me regaló su libro. Con esa leve pedantería de los jóvenes, me dijo: "Enterate de qué es el minimalismo". Lo leí con atención y deleite y se lo devolví diciendo: "Precioso, pero si esto es minimalismo tendrías que releer Chejov". Y allí  se inició una polémica apasionada. De pronto, sin importarme si había ganado o perdido, me largué a reír...fue de la alegría que me dio reconocer que, sin saber cómo, la antorcha había pasado de manos. Quizás hasta tenga nietos que lean bajo las frazadas y roben un libro...por esta inútil pasión, que sólo sirve para hacernos un poquito feliz.