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TANE: la enfermedad que causa vómitos, atracones y rechazo pero que no es bulimia ni anorexia

Se trata de un trastorno alimentario no especificado. Las chicas de 12 a 24 años son las que más lo sufren.

No es bulimia. No es anorexia. Pero quienes lo padecen tienen comportamientos similares con los alimentos, de atracones, ayunos y vómitos, y pueden pasar de comer muy poco a ingerir grandes cantidades de alimentos. Estamos hablando del TANE, o Trastorno Alimentario No Especificado, un padecimiento cada vez más recurrente entre jóvenes de 12 a 24 años, en su mayoría mujeres según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

"Este trastorno suele ser el más frecuente de todos los observados en el consultorio", le explica a Clarín la Dra. Virginia Busnelli (M.N. 110.351), médica especialista en nutrición y directora del Centro de endocrinología y nutrición Crenyf. "El TANE es una alteración de la conducta alimentaria que no cumple los criterios para ser diagnosticado como anorexia nerviosa, ni tampoco como bulimia nerviosa. Esta categoría se usa frecuentemente para incluir aquellos pacientes que cumplen la mayoría, pero no todos, los requisitos para ser diagnosticados de anorexia o bulimia. Por ejemplo una mujer que tiene los síntomas de anorexia nerviosa, pero cuyos ciclos menstruales son normales y regulares", afirma.

Los criterios médicos establecidos para realizar el diagnóstico TANE son los siguientes:

▪ Mujeres que cumplen todos los requisitos para poder ser diagnosticadas de anorexia nerviosa, excepto que presentan menstruaciones regulares.

▪ Se cumplen todos los criterios establecidos para el diagnóstico de anorexia nerviosa, excepto el peso, que se encuentra dentro de límites considerados normales.

▪ Cumple los criterios de bulimia nerviosa excepto por el hecho de que la frecuencia de los atracones y otras conductas alimentarias no adecuadas, ocurren con menor frecuencia de dos veces por semana o se han prolongado menos de tres meses.

▪ Empleo frecuente de conductas alimentarias no adecuadas después de la ingesta de pequeñas cantidades de alimentos en una persona de peso normal. Por ejemplo, provocarse el vómito después de tomar un trozo de chocolate.

▪ Masticar la comida y después expulsarla sin tragarla o tragando cantidades muy pequeñas.

▪ Atracones recurrentes sin que existan las acciones compensatorias características de la bulimia nerviosa.

Huellas en el organismo

"Padecer un TANE no es gratuito para la salud. Tal como la anorexia y la bulimia, que ocasionan problemas severos de desnutrición, los trastornos alimentarios no especificados dejan huellas en el organismo", asegura a Clarín la nutricionista Agustina Murcho (M.P. 3.196 y M.N. 7.888).

"Sufrir un TANE puede ocasionar o acelerar la aparición de anemia, osteoporosis, problemas dentales, mayor riesgo de padecer infecciones, hipokalemia (bajos niveles de potasio en sangre), lo que genera complicaciones cardíacas, y alteraciones metabólicas", agrega la especialista, autora del libro "Podemos comer de todo" (Ateneo). "Por más que no sea un cuadro de anorexia o bulimia puros, un TANE no es menos importante ni debe dejarse pasar. Hay que tratarlo igual que todos los trastornos alimentarios. Además, hay que tener en cuenta que los trastornos mutan. Por lo tanto no debemos dejarnos estar ni pensar que es menos grave que otros, porque todas estas conductas también pueden llevar a consecuencias irreversibles o a la muerte", agrega Murcho.

En ese sentido, quien padece un trastorno alimentario no especificado pudo haber superado un cuadro de bulimia o de anorexia. O las puede padecer en el futuro. "Esto depende mucho de la clínica que presente el paciente", afirma Busnelli. "Puede suceder que un paciente con anorexia nerviosa, por ejemplo, mejore su peso y a partir de ahí ingrese en los criterios diagnósticos de TANE. Pero sí, en un mismo paciente, puede haber diagnóstico de diferentes tipos de trastornos de la conducta alimentaria en diferentes etapas de su vida".

A quiénes afecta

De acuerdo a las estadísticas del Centro Especializado en Desórdenes Alimentarios (CEDA), el 90 por ciento de las consultas recibidas en su sede son de mujeres, de las cuales el 60 por ciento son adolescentes.


La anorexia y la bulimia afectan a 7 millones de mujeres y a un millón de hombres en todo el mundo. En Argentina, según datos del año 2011 de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (ALUBA), el 37 por ciento de las mujeres de entre 15 y 20 años sufre un trastorno alimentario.

Sin embargo, y a pesar de la prevalencia en mujeres jóvenes, según la Lic. Marisa Canicoba (M.N. 1.353, M.P. 052), Directora de la Carrera de Especialización de Nutrición Clínica, Sede Hospital Posadas (UBA) y especialista de los Centros de Diagnóstico DIM, "los TANE afectan a niños, hombres y mujeres de diferentes edades y variadas contextura física, peso y talla. No depende del peso que la persona tenga, hay quienes tienen un peso normal para su contextura y sin embargo, lo padecen".

Para la experta, estos trastornos alimentarios suele presentarse en quienes perciben marcada disconformidad con su imagen corporal o apariencia física, baja autoestima o desvalorización personal, dificultad en el control de los impulsos y las relaciones sociales.

"Es la tercera enfermedad crónica con más prevalencia en la juventud", afirma la Lic. Canicoba.

Coincide la Lic. Murcho, quien afirma que "se ve en chicos de 8 años e incluso más pequeños, de 5 años de edad. Y se está extendiendo a quienes tienen mas de 50, porque cada vez más hombres y mujeres mayores no aceptan el paso del tiempo ni los cambios corporales que ocurren con la menopausia y la andropausia. Es allí cuando ocurren trastornos con la comida".
Razones psicológicas y multifactoriales

"Epidemiológicamente, los TANE son patologías alimentarias muy comunes, representando los tres cuartos de todos los casos comunitarios de desórdenes alimentarios", afirma la Dra. Busnelli.

Según la especialista, los factores de riesgo de los trastornos de alimentación son multifactoriales. "Resultan de la interacción compleja de factores psicológicos, físicos y socioculturales que interfieren en el comportamiento del individuo, dificultando la comprensión de su etiología", dice. Y agrega: "Además debemos considerar la etapa de la adolescencia, un período caracterizado por grandes cambios biológicos y psicosociales que pueden verse comprometidos por la aparición de estos trastornos, produciendo consecuencias potencialmente graves para la salud de los jóvenes".

Para la médica, el uso extendido de redes sociales y la globalización no hicieron más que aumentar la presión social que padecen los jóvenes por lucir cuerpos perfectos, lo que habría aumentado la prevalencia de trastornos alimentarios. Coincide la Lic. Murcho: "Los chicos tienen acceso a las redes sociales desde muy pequeños, y el tema de cómo lucir se vuelve un tema de conversación con amigos, en el colegio, centrados en los cuerpos irreales que se muestran. Son un público vulnerable y eso se muestra como un disparador. Es necesario hablar con los niños y explicar que lo que ven no es real, para evitar problemas de salud o trastornos de distinto tipo".

Una clasificación que no es nueva

A pesar de no ser tan conocida, la clasificación TANE no es nueva. Busnelli menciona que "ya se encontraba incluida su descripción en el DSM-IV, que es el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría. Dicho manual contiene descripciones, síntomas y otros criterios para diagnosticar diferentes tipo de trastornos, unificando conceptos. La edición vigente es la quinta, conocida como DSM V, y se publicó el 18 de mayo de 2013", agrega.

"La OMS recomienda el uso del sistema internacional denominado CIE-10 décima versión, cuyo uso está generalizado en todo el mundo. El 18 de junio de 2018 se publicó la nueva edición numero 11. A pesar de que ambos, el DSM-IV y la CIE-10 han introducido a los TANE en su nomenclatura como la categoría de los trastornos de la conducta alimentaria no especificados, conceptualmente suele ser confusa por comprender un grupo clínicamente heterogéneo de diagnósticos. Son condiciones catalogadas como residuales y tienden a ser desatendidas por los investigadores. Sin embargo, son los tipos de cuadros alimentarios más comunes en la práctica clínica rutinaria que ameritan una asistencia oportuna y una detección precoz, particularmente a nivel primario".