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Rutas prometidas que no están

Por Susana Dillon* Nuestro actual gobernador, raleado de la Docta, ha anclado en el Imperio del Sur para realizar obras de carácter clientelístico.

A pocos kilómetros de Río Cuarto, se asoman las A localidades serranas de Río de los Sauces y Las Albahacas, con un mismo problema: el pavimento se corta desde las rutas antes de que se llegue a destino, a 20 kilómetros de Río de los Sauces y a nueve de Las Albahacas.

En tiempos de seca, la polvareda resulta asfixiante y el camino es una dilatada tabla de lavar que hay que recorrer a los barquinazos y a ciegas por el guadal.

Éste es el tormento que hay que experimentar si se quiere llegar a esos paraísos serranos. Y hay un drama que se cierne cada vez que caen 50 milímetros de lluvia y convierten al camino en peligrosos pantanos y cortes de tierra floja donde cualquier vehículo puede caer en la peligrosa corriente.

Mientras, la ruta que conduce a Achiras, desde que la conozco, es un permanente combate con los cráteres que se esconden en los charcos y provocan accidentes muchas veces mortales. Y como los responsables no deciden hacer un trabajo serio y definitivo, se viven rellenando con eternas lamidas de gata.

Los grandes camiones del Mercosur tienen mucho que ver con este destrozo sistemático de los remiendos. Nadie todavía ha anunciado un arreglo permanente.

En los nueve kilómetros a Elena, desde Río de los Sauces, hay otro espectáculo que preocupa: 16 estudiantes que concurren a escuelas secundarias salen de sus casas a las 6.30 para llegar a las 8, pero sólo pueden regresar a las 21.30 con Costera Serrana, una "combi" que suele venir repleta.

Al mediodía, comen un sándwich en la Terminal y luego hacen dedo o salen al camino a la buena de Dios, con guadal o con pantano, de modo que llegan victoriosos si el tiempo o la buena voluntad de los viajeros ayuda.

Nuestras autoridades provinciales no han mezquinado promesas. Desde el elocuente Eduardo Angeloz hasta el inefable José Manuel de la Sota, que prefiere desparramar presupuestos en obras faraónicas, pasando por Juan Schiaretti, con sus monumentos al caudillo Bustos.

Nuestro actual gobernador, raleado de la Docta, ha anclado en el Imperio del Sur para realizar obras de carácter clientelístico. Que nadie, con sentido común, puede pensar en montar un casino donde las señoras que reciben su ayuda de 180 pesos los pierden en la fábrica de pobres, en la permanente timba.

De modo que el dinero va a parar de regreso fatalmente al lugar de origen, una manera satánica de burlarse de los necesitados.

Las zonas que abarcan estos pueblos que se van despertando al progreso no sólo tienen bellezas naturales. Además, hay riqueza en ganados, minas y canteras. También quieren satisfacer su vocación los estudiantes, para que sea realidad la igualdad de oportunidades, obtener un título que los libere de la desocupación y la ignorancia.

Pero hay más: el turismo, para el que esas zonas serranas siguen esperando obras que quedaron en suspenso desde hace décadas.

Que vayan pensando en las flotas de camiones que salen con los productos regionales empantanados, en los chicos a la deriva durante horas hasta el problemático regreso, ya sin tiempo para estudiar y con escaso descanso. Piensen en la parte cultural de sus habitantes, abandonados por la inercia de los que tienen la obligación de escuchar y resolver sus demandas.

Y a propósito: el presidente de la comunidad regional de Calamuchita, legislador Carlos Alessandri, ¿no ha registrado estos problemas? ¿O viaja en helicóptero como nuestro gobernador itinerante? Porque desde las alturas, parece que no se ve.