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Prohibir el coqueo

La ONU ha instado a la Argentina a modificar su ley antidrogas para desalentar el narcotráfico en la región.

La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) pidió al gobierno argentino que modificara la ley antidrogas, que lleva el número 23.737. Su artículo 15 autoriza la tenencia y el consumo de hojas de coca en su estado natural, que los compradores dedican a la masticación o bien a la infusión. Ese uso, tradicionalmente llamado "acullico" o "coqueo", pertenece a las costumbres de los pueblos nativos del norte de nuestro país, sobre todo en Salta y Jujuy. La producción proviene de Bolivia.

El hábito de coquear y extraer así un jugo estimulante, o de beberlo como infusión fue respetado por la ley antidroga que rige en el país. En ello gravitó una consideración particular de carácter cultural, aunque el consumo de las hojas de coca podía servir para encubrir un tráfico mayor y prohibido, destinado a laboratorios donde se lo convirtiera en cocaína.

Esa sospecha fue creciendo en la JIFE, organismo perteneciente a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y el hecho de que aumentara la producción de hojas de coca en Bolivia y llegara con 40.000 toneladas a su nivel más alto en los últimos 15 años hizo poner en marcha una política de reducción de consumidores a fin de desalentar la producción.

Es de señalar que el presidente de Bolivia, Evo Morales, ha sido un activo defensor del coqueo hasta el punto de concurrir a la sede de la JIFE en Viena para exponer ese punto de vista. Su gestión no cambió los criterios de la Junta, y el pedido actual a nuestro país lo corrobora.

En esta ocasión, luego de reconocer los avances en materia de coordinación en la lucha contra el narcotráfico, el organismo de la ONU hizo presente su reclamo en términos precisos. Hizo constar que la Junta ha observado que la legislación vigente en la Argentina no sanciona el consumo de la hoja de coca ni su posesión. En consecuencia, "insta al Gobierno a que vele por el pleno cumplimiento de las obligaciones contraídas en tratados internacionales, incluida la obligación de acabar con todos los usos de la hoja de coca".

Sin duda, el compromiso que plantea la petición posee su razón de ser, pero chocará con las resistencias de arraigadas costumbres de las que ahora se vale indirectamente el tráfico de drogas ilegales.

No obstante, cumple en alguna medida con lo solicitado, pues la importación de hojas de coca no está autorizada y, cuando se descubre un intento de ingreso de ese material, se lo considera una infracción cuya sanción es el decomiso.

En ese sentido ha obrado la Gendarmería, pero lo actuado es todavía insuficiente. Es necesario que se revise la ley antidrogas, tarea que debe encarar el Congreso.