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La asombrosa vida de Fabio Zerpa: "Ver un OVNI en pleno mediodía cambió mi vida"

El pionero de la ovnilogía en Argentina cuenta su experiencia en su libro Señales en el cielo.

"El mundo está viviendo un cambio, una gran trasformación. Por eso sentí la necesidad espiritual de ofrecer mi granito de arena con este nuevo hijo de papel y tinta en el cual plasmo mi gran norte de vida: la investigación". Con esta declaración Fabio Zerpa, el pionero de la ovnilogía en Argentina, contó en su libro Señales en el cielo qué lo motivó a reflotar sus memorias. En diálogo con Infobae, repasó aquel acontecimiento que cambió su vida para siempre.

El 17 de noviembre de 1939 Zerpa participaba de la filmación de uno de los capítulos de la serie Cóndores de acero en la Base Aérea de Morón y, como no tenía escenas por grabar, decidió caminar entre los hangares cuando se encontró con Alexis De Nogaetz, su doble de riesgo. Ambos habían trabado amistad y decidieron volar hasta Entre Ríos para practicar tiro. Fue en pleno vuelo cuando los actores tuvieron la experiencia que para Fabio representa el punto bisagra en su vida: frente a sus ojos se detuvo un objeto volador no identificado y él no sabía de qué se trataba ni imaginaba que esa experiencia iba a marcar el resto de sus días. Descreído de todo, pero vencido por la duda cartesiana, comenzó a investigar de qué se trataba.

—¿Por qué escribió Señales en el cielo? ¿Sintió la necesidad de dar un nuevo mensaje o de revivir aquel día?

—En todos los libros sagrados, el Mahabharata, el Ramayana, los Vedas, el Popol Vuh y en nuestra propia Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, se habla de señales en el cielo que se vienen produciendo desde 1947. En nuestro caso, como fecha contemporánea, desde hace 70 años aparecen las señales en el cielo que empecé a investigar después de aquel impacto de conciencia que fue haber visto un ovni tan de cerca, mientras estaba volando en un avión militar, en pleno mediodía, muy cerca mío… Se paró, no se cayó, venció a la fuerza de gravedad, hizo un angulo de 60 grados venciendo a la ley de inercia y le pregunté a Alexis: "¿Y esto qué es?", y me dijo: "Eso es un plato volador"… En 1959 yo no tenia ni idea de lo que era un plato volador e hice la pregunta que marcaría mi vida: "¿Y qué es un plato volador?", entonces Alexis contó: "Para algunos son naves extraterrestres y para otros serán armas secretas de alguna potencia"… Ahí empecé a recorrer el camino de investigador. Bah, es algo que siempre tuve adentro, desde niño. Ver un ovni, en pleno mediodía, cambió mi vida y tuve la gran fortuna, como investigador, de vivir en 25 países en los que trabajé, hice documentales, tuve consultas, conferencias, edité libros, y tengo la fortuna de ser el investigador que más países ha cubierto. Todo eso lo plasmo en Señales en el cielo, en el que también plasmo mis otras investigaciones (la del mundo subterráneo y las vidas pasadas), cosas en las que no creía ni remotamente, pero siempre partí del no para llegar al sí. No creo por creer ni niego por negar. Hay quienes niegan esa problemática porque no se han puesto a investigar, y no creo por creer sino que busco siempre el justo medio en la investigación para encontrar el sí y para encontrar el no… Y partiendo del no y del desconocimiento de todos estos temas llegué al sí. Y llegué a la conclusión que explico en el libro.

Yo creé una metafísica para la aplicación de la vida del ser humano que es la sabiduría del ser y en la parte final del libro hablo de lo que vendrá. Digo "lo que vendrá" porque recordé el titulo de un gran tango que hizo un gran amigo, Astor Piazzolla. Hubo una gran transformación a partir de 1992, en 2012, y estamos en un proceso de transformación porque paulatinamente vamos a cambiar y nos vamos creando cada uno en Homo Spiritualis, dejamos el Homo Sapiens, el hombre conocedor, y empezamos a apoyarnos en el mejor poder que tiene el ser humano que es la seguridad espiritual, porque cuando uno está seguro espiritualmente, cuando tiene seguridad interior, se le abren los otros poderes: el poder social, el poder político, el poder económico y el mismo poder religioso. Y de ésto sabe mucho el papa Francisco… Jorge Mario Bergoglio, hincha de San Lorenzo de Almagro, un hombre humilde que tiene una sabiduría estupenda, que llegó a ser Papa y que sabe mucho de la espiritualidad que está por encima de la religiosidad. Podés creer o no en una determinada religión, pero la espiritualidad está por encima de la religión.

—¿Cómo hace esa "sabiduría del ser" para evadir al "tener", que permanentemente lucha para imponerse sobre el "ser"? Si, por ejemplo, las publicidades constantemente nos hacen creer que la felicidad llega con esos objetos innecesarios…  

—En 1992 se produjo un cambio y lo dicen todos los profetas de todos los tiempos. Las civilizaciones autóctonas de nuestra América lo dijeron y todos dicen que la transformación se está produciendo desde 1992, cuando se cumplieron los 2160 años bajo la constelación de Piscis, que tuvo un norte lamentable –los miedos, la peor cárcel que tiene el ser humano–, y los regímenes totalitarios saben bien cómo vencer a un hombre a través de los miedos. Pero el hombre nace y es libre, y su libertad termina cuando… ¡Atención!… Cuando empieza la libertad del otro. Y el otro en la Nueva Era va a ser tan importante como el uno mismo. Nos vamos a fortalecer con el famoso "Conócete a ti mismo para conocer a los demás…", "Ámate a ti mismo para amar a los demás…", pero sabiendo que el otro también se tiene que amar y tiene que conocerse a sí mismo y no invadir al otro. A veces vivimos invadiendo, por ejemplo, cuando llamo por teléfono a una persona; con ese llamado estoy invadiendo su privacidad, el momento que está viviendo —hace una pausa y recuerda—. El 2002 fue otra fecha clave. Mi hermano espiritual y gran amigo, el Nostradamus de América, como lo bauticé, Benjamin Solari Parravicini, decía en la década del 60: "Los nuevos tiempos han venido, mi querido amigo Fabio". Y otro maravilloso, quizás el mejor filosofo francés de los últimos años, André Malraux, en 1977, me dijo: "El siglo XXI será espiritual o no será"…  La verdad que ahora me saco el sombrero ante los dos, porque han acertado. El 2012 para muchos era el fin del mundo con su sentido fatalista del fin del mundo… ¿Qué fin del mundo? ¡Es el comienzo de una nueva era! Terminó un tiempo y hubo cambios, como cuando te mudás de casa. Pero cuesta mucho cambiar porque el cambio en trasformación trae muchos problemas y yo creo (lo creemos mucho los investigadores) que hasta el 2050 nos estamos acomodando política, social y económicamente. Hay muchos vestigios de los cambios en el mundo. Vamos a cambiar la economía, va a ser todo para todos, lo cooperativo. Ya mismo los economistas están diciendo que termina el capitalismo salvaje, pero ese capitalismo salvaje se va a defender como gato entre la leña para que no le quiten la primacía… Pero los nuevos tiempos han llegado y los cambios son inexorables. No podés detener el planeta Tierra porque a partir de 1992 entró en la constelación de Acuario, que es para mí la Era del Amor, la era del cooperativismo, la economía en forma humanística.

—Mencionó a Benjamín Solari Parravicini, su amigo… ¿Cómo contaba él los momentos en los que recibía esa información que dibujaba y que usted bautizó psicografía?
—Siendo adolescente, Benjamín iba a visitar a un tío que vivía cerca de un circo y ahí se enamoró de los payasos y se hizo famoso por sus pinturas de payasos. Como su manifestación eran los dibujos, las pinturas, por ahí recibía lo que bauticé como psicografía (los grafismos de la mente). Quizás estábamos sentados tomando el té en su departamento de la calle México, eran las 4 ó 4:30 de la tarde y se le empezaban a nublar un poco los ojos, yo decía: "¡Bueno, ahora viene!". Y él, que siempre estaba pasos adelante, había hecho de su departamento un loft en los años 60, me decía: "¿Me permite, Fabio?" y se tiraba en la cama. Tenía siempre una cartulina y empezaba… —hundido en ese recuerdo, lo demuestra su voz, contó—: levantaba su brazo y salía del mundo invisible un lápiz para que él dibujara el aporte… ¡Como aportaba también panes y peces nuestro Señor Jesucristo! Y empezaba a dibujar y se manifestaba. Dibujaba con los ojos cerrados y después lo describía… Siempre tuvo la fortuna y la inteligencia o la intuición de describir sus dibujos. ¡Desde el año 39 en adelante hizo unos acertijos…! Yo le puse "el Nostradamus de América" porque ha sido el profeta que más acertó desde ese año hasta que murió, en 1974. En una psicografía habla del papa Francisco, del hombre bueno y humilde, joven de ideas, Crisol de reyes, de Argentina para el mundo… Y lo explicaba diciendo que una voz adentro de él lo llevaba a hacer la profecía y lo hacía con el mecanismo que conocía, la pintura. Además tenía la fortuna de decir lo que significaba el dibujo porque él era muy simbólico. Le ponía el año y la fecha. A Nostradamus, por ejemplo, lo interpretamos nosotros.
—Por hablar de lo desconocido, usted sufrió muchas críticas y rechazos cuando ya tenía el reconocimiento como actor. ¿Se arrepintió en algún momento del camino que eligió o lo volvería a hacer?
—¡Lo volvería a hacer, totalmente! —el tono de su voz delató una sonrisa convencida por la respuesta y el recuerdo, quizás, de todo lo que vivió en aquellos años—. En 1968 yo ya era popular con el tema ovni y había mucha mala información; de repente me dije: "Voy a dejar el tema de los ovni porque no voy a dejar mi prestigio ni mi popularidad de actor y director de teatro, de cine, radio y televisión jugándome con algo que la gente no acepta…". En ese momento estaba contratado por Canal 9 y todas las mañanas iba a filmar mi telenovela, y allí había una maestra que siempre se acercaba y me pedía: "Fabio, yo quiero que un día vengas a dar una conferencia a nuestro instituto porque los chicos saben que usted viene acá y quieren hacerle preguntas…". Yo le decía que no, que estaba dejando el tema, y un día, no sé por qué, Dios me inspiró y le dije: "Señora, si usted fue tan persistente conmigo yo voy a dar la conferencia", y la di un día de agosto de 1968. Fui al Instituto San Martín de Tours y los chicos de todas las clases estaban en el patio, ¡eran como 200! Y empecé a hablar muy mecánicamente porque estaba muy desganado con el tema y ellos empezaron con las preguntas: "¿Y ellos cómo vienen? ¿Y cómo viven?…". Y al escuchar sus preguntas, me di cuenta paulatinamente de que esos niños de 6, 7… 9 años (que son los cincuentones que hoy me siguen tanto) daban por sentada esa existencia. ¡Nunca lo dudaron! Somos nosotros los que estamos dudando… Y empecé a contestarles. ¡Me levantaron el ánimo! Después de esa conferencia fui a caminar por Palermo y ahí produje una emergencia espiritual, una experiencia cumbre. Desde adentro sentí que nuestra generación era la que negaba sin nunca haber investigado, que negaban por negar. Siempre investigué la razón de la sinrazón aparente de los hechos misteriosos y encontré la razón, la lógica. Y me di cuenta de que en aquello que me enseñaba a mirar mi padrino durante mi niñez y adolescencia, el cosmos y las estrellas, en ese lugar que uno mira casi chino, hay vida. Vida similar a la nuestra, y hay gente que vive, que tiene conformación antropomórfica igual que nosotros.

—¿Cuantas veces mira el cielo por día?
—¡Creo que cien veces… Y me quedo corto! —se ríe, y su risa tiene la inocencia de esos niños que lo alentaron a seguir—. Lo miro siempre. De noche, de día…, porque los aparatitos estos aparecen en cualquier hora del día. Antes pensábamos que era a la noche, pero han aparecido a las 9 de la mañana, a las 2 de la tarde. Hay una foto famosa de un ovni al lado del Obelisco y la gente que pasaba por ahí ni se enteró… ¡La gente que caminaba por la 9 de Julio y por Corrientes no lo vio! ¿Por qué? ¡Porque no miran el cielo!
—En 1972 recibió una oración en sus sueños. ¿Recuerda cómo fue ese sueño?
—En una noche de 1972 soñé con una oración y a la mañana la escribí. No sé quién me la dictó, pero la sentí adentro mío y cuando la leí, la sentí —pregunta si la puede decir y la relata, la interpreta, la siente… y del otro lado la piel se pone de gallina porque la voz de Fabio Zerpa tiene tanta potencia que no parece la de un hombre de 88 años. Después de la oración, con la que cierra el nuevo libro, continuó—. Yo pensé que el cambio iba a ser explosivo, como en la Revolución Rusa o la Revolución Francesa o como la caída de Constantinopla, pero no. Esta es la revolución que produce cada uno cambiando interiormente y se va a expandir como una bomba para que cambie toda esta humanidad… No puedes detener al planeta Tierra porque vamos a vivir 2160 años en la constelación de Acuario. El cambio es inexorable.

En seis capítulos, Zerpa regresa a las letras relatando su primera experiencia, las experiencias de las primeras personas que entrevistó cuando inició su carrera de investigador del fenómeno ovni. También cuenta qué tipo de contacto con seres de otros mundos pueden establecerse, los define y culmina con una bellísima y sentida oración para "el humano nuevo". "Este libro es una historia de vida, la de un hombre que convirtió sus días en una película de ciencia ficción; pero también la búsqueda incasable y monumental de respondernos: ¿Qué hay más allá?". Al hallazgo de esa respuesta dedicó su vida y ahora nos invita a hallarla también, pero antes propone: "Conócete a ti mismo". Asegura, con firmeza, que el cambio empezó y anticipa un mundo mejor, un mundo bueno, un mundo habitado por personas y seres de buen corazón. ¿Cómo no querer lo mismo?

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