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La adicción al sexo, un trastorno que se sufre en silencio y con vergüenza

La adicción al sexo es padecida de manera silenciosa por miles de personas en el país, afirmaron especialistas en Sexología, y advirtieron sobre la vergüenza y angustia que genera esta patología.

La diferencia entre alguien que disfruta del sexo y un adicto reside en que este último no logra controlar el impulso, lo vive como un tormento, sufre por la conducta, por la necesidad de satisfacer el deseo que lo esclaviza y por el daño que puede ocasionar a terceros.

"El adicto al sexo tiene un comportamiento irrefrenable y no tiene en cuenta al otro. Sabe lo que le está pasando pero no toma recaudos", explicó Adrián Sappeti, presidente de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana.

Para el sexólogo, el adicto necesita satisfacer el deseo por sobre todo y cualquier situación.

"Si a mí me gusta tomarme una copa de vino, lo hago cuando quiero y puedo, no soy adicto. Pero si esa copa la tengo que tomar si no sufro, mi conducta es compulsiva y coercitiva y ahí sí estoy dentro de una adicción", ejemplificó.

Por su parte, la sexóloga clínica Diana Resnicoff explicó que esta adicción se distingue por tres características de la conducta: es compulsiva, es recurrente y es persistente.

"La persona tiene que cumplir con ese deseo, es algo que se instala y es necesario tener sexo para tapar ese dolor, esa angustia. La persona siente una profunda carencia y supone que al tener sexo calmará esa sensación de vacío", indicó.

Ese vacío se produce al estar disociado el placer del amor: se genera un irrefrenable deseo que intenta calmar la angustia y que no está promovido por el deseo sexual sino por esa necesidad de tapar el sufrimiento.

Dentro de la adicción existen distintos tipos: los pacientes adictos a la pornografía, a la relación con distintas mujeres, al sexo con prostitutas o a la masturbación.

Además, en la mayoría de los casos se sienten muy avergonzados por lo que les sucede, destacan los profesionales.

El norteamericano Patrick Carnes fue el primer terapeuta que definió la enfermedad.

El especialista realizó un estudio donde determinó que de 1000 pacientes, el 42 por ciento también era adicto al alcohol y a las drogas, mientras que el 38 por ciento padecía trastornos de alimentación y el 28 restante sufría adicción al trabajo.

Descubrió, además, que 2 de cada 3 pacientes confesó haber sido abusado en la infancia.

No hay estadísticas para determinar la cantidad de adictos que existen en el país ni el mundo, pero los especialistas aseguran que de diez personas, nueve son varones y que es muy difícil que se acerque la persona que lo padece.

Los especialistas llegan a esta conclusión estadística en base a la experiencia en los consultorios.

Estiman que la adicción se da frecuentemente en personas que fueron marcadas por el entorno familiar o social y que de niños se identificaron con modelos alejados de los cánones habituales.

Lejos de disfrutar del sexo, las consecuencias para quien la sufre son graves: complicaciones laborales y sociales, ya que la persona vive alterada por el deseo.

"Hay pacientes que dejaron de ir a fiestas por si les surgía ese deseo incontrolable", explicó Resnicoff.

En algunos casos, el daño recae sobre terceros, ya que establecen relaciones parafílicas, dejando al descubierto la desviación sexual.

"Los que establecen esas relaciones caen en el delito porque surge una perversión, muchos vienen al consultorio con miedo porque comienzan a sentir deseos de tener relaciones parafílicas con menores, por ejemplo", reveló Sappeti.

El tratamiento existe pero es largo y consiste en psicoterapia y medicamentos, para bajar lo compulsivo.

Resnicoff explicó que "se trabaja en una terapia privada o en grupos de autoayuda que funcionan con la misma lógica que los de otras adicciones por ejemplo de manera similar a Alcohólicos Anónimos".

Se busca que el adicto haga un nuevo aprendizaje social mediante tareas sobre cómo llevar registros de los momentos de mayor angustia; se le proponen actividades, como deportes, cursos, y se intenta conectarlos con el placer.

En cuanto a la sociedad, los especialistas coincidieron en que "hay mucha desinformación sobre el tema. Si se habla de un varón, se festeja el hecho de que quiera tener sexo todo el tiempo, sin profundizar si es un problema; en cambio, si se trata de una mujer, se la prejuzga, se la condena".